Hoy es el día de la felicidad, lo que me da pie a escribir sobre algo que nos interesa a todos. Pero antes, es importante aclarar que la felicidad es un estado interno, como lo es el enfado, el duelo o la duda. Y esto significa que nunca la vamos a encontrar ahí fuera, sino aquí adentro, en nuestro interior. Si alguna vez te has preguntado cómo ser feliz, ya te puedes ir olvidando de conseguirlo tal y como nos han enseñado, pero hay otras formas…

Ningún nuevo coche, casa, o bien material puede proporcionarte la base de la genuina felicidad, ni siquiera la pareja o los hijos. Y puede que todo lo anterior te haga sentir más confiado, seguro, cómodo y satisfecho, sin embargo, la verdadera felicidad te la tienes que trabajar tú, ya que su ingrediente fundamental es el sentimiento de Paz o, como mínimo, el de tranquilidad. Algo que sólo se puede obtener cultivándote día a día, y gracias a uno de los valores que más nos cuesta desarrollar, el de la disciplina.

Y es que el mejor regalo que te puedes hacer a ti mismo, a tu pareja, a tus hijos y al mundo en general, es tu propio ejemplo. Si logras cultivar una virtud, estás compartiendo un tesoro, y es que es tan rara la disciplina no relacionada con el retorno económico, que encontrar a alguien muy bueno en algo no relacionado con ganar dinero, suele despertar nuestra admiración. Posiblemente, de ahí vendrá nuestra fascinación por las personas que tocan un instrumento musical o desarrollan habilidades especiales no relacionadas con su labor profesional.

Pero ¿cómo se cultiva la Paz? Pues podemos decir que hay dos caminos, y puedes elegir cualquiera de ellos, o los dos, aunque ambos se retro-alimentan. El primero está relacionado con aquello en lo que te enfocas, la dirección de tus pensamientos y principales motivaciones. Por ejemplo ¿en qué piensas cuando te levantas por la mañana? ¿Y cuando te acuestas por la noche? ¿Cuáles son las motivaciones que más pensamientos generan en ti? ¿Tienes el foco puesto en lo que ya tienes o en lo que te falta? Responder honestamente estas cuatro preguntas te dará una idea bastante aproximada de tu nivel de Paz o tranquilidad actual.

El segundo camino puede parecer algo más complejo, y sin embargo es igual o más efectivo que el primero, sólo que algunas personas pueden precisar de algo más de tiempo para comenzar a disfrutar de sus positivos efectos. Está muy relacionado con el archiconocido Mindfulness o atención plena, una práctica dinámica que nos dirige hacia un estado de no juicio y presencia. Y es que la atención sostenida en el momento presente, nos transporta directamente a un mayor estado de Paz interior.

Una vez desarrollemos la capacidad para sentir Paz, será el momento de conectarse conscientemente con esa maravillosa sensación que denominamos felicidad, un estado placentero y calmado en el que valoramos uno o más aspectos de nuestra vida muy positivamente.

Y ahora, quizá te preguntes ¿se puede sentir felicidad sin seguir estos caminos? Por supuesto, existen muchos más caminos, y además, todos hemos tenido lo que yo llamo destellos de conciencia, momentos más o menos aleatorios en los que nos calmamos y podemos conectar con esa felicidad por pequeños periodos de tiempo.

Sin embargo, ¿te imaginas disfrutar de alguno de esos momentos a diario? Yo sí, y desde el Instituto Emoconciencia ya estamos trabajando duro para facilitarte este tipo de proceso a través de una nueva formación, la del “Camino a la Trascendencia”.

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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