Cuando comencé en este mundo del “Desarrollo Personal”, leía libros y veía conferencias, documentales y películas de grandes maestros. Algunos de ellos eran más espirituales, y otros más mundanos, pero todos tenían algo en común, llevaban mucho tiempo practicando alguna disciplina relacionada con el “Crecimiento Personal”; meditación, conciencia emocional, técnicas de relajación, yoga, introspección, etcétera.

En aquellos años también me pregunta cómo era posible que ellos, con toda su práctica y experiencia en el camino que habían elegido, podían tener conflictos no resueltos, emociones atoradas o incluso llegar a enfermar como cualquier otra persona. Pensaba eso porque no entendía qué significaba ser un maestro en alguna de estas disciplinas, solamente lo suponía, y como ya sabrás a estas alturas, suponer algo no lo hace realidad.

Es cierto que los maestros tienen un nivel de conciencia superior, o expresado de otra forma, viven en un estrato y contexto diferentes, sin embargo, esto no significa necesariamente que sean mejor o peor que nosotros, simplemente experimentan las circunstancias que viven de forma distinta, así que no hay nada que comparar. Vamos a ver un ejemplo de esto en otro contexto:

Imagina a una persona nacida en una tribu Africana, cuya única preocupación es dar de comer una vez al día a su familia. Y por otro lado a alguien como nosotros, nacidos en una ciudad con “todas las comodidades”. Esta diferencia no nos hace mejores o superiores, simplemente vivimos en continentes y circunstancias distintas, y sin embargo, seguimos teniendo otras muchas preocupaciones… Así que habría que preguntarse ¿quién es realmente más feliz…?

Con los grandes maestros pasa algo parecido, es posible que nos transmitan Amor y Paz, que los veamos más serenos que al resto, que parezcan tener menos conflictos y, en general, que pensemos que son ajenos a los problemas y al dolor de la vida. Sin embargo esto no es así, de hecho su nivel de conciencia les hace tener más responsabilidades que cualquier otro miembro de la comunidad en la que conviven, lo que también les puede llegar a generar mucho dolor.

Al final, todos tenemos conflictos, aprendices y maestros, y cada uno en su nivel tiene que luchar sus propias batallas. Por eso a veces enferman, lo que siempre nos sorprende, y a pesar de ello lo seguirán haciendo. Para mi, la diferencia palpable con cualquier otra persona, es que los maestros acostumbran a tener más paciencia que nosotros, lo que ya de por sí, es una gran diferencia. Y por eso llevo más de 10 años siguiendo los pasos de otros que, antes que yo, hicieron el camino.

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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