Llevo unos 10 años sin migraña, se puede decir que está erradicada de mi vida y, sin embargo, el otro día me levanté con una. Estos últimos años he tenido algunos dolores de cabeza más o menos fuertes, pero nada que ver con las crisis de antes, los que habéis pasado por ello sabéis de qué hablo. La migraña es un dolor intenso continuo o pulsante, se percibe en un lado de la cabeza con afectación del ojo del mismo lado, fotofobia (te molesta la luz), hiperacusia (te molestan los ruidos), mareo, angustia y en ocasiones vómito…

Cuando te levantas con una crisis sabes que tu día acaba de empezar y de terminar al mismo tiempo. Si el dolor es fuerte comienzas a sentir un sin fin de reacciones emocionales muy desagradables, entras en un estado de tensión y nerviosismo acompañado de baja presión arterial, lo cual parece contradictorio, que es exactamente como te encuentras tú.

Pero si hay algo verdaderamente desesperante, es la apatía total, lo único que importa es el dolor y te centras en él como si fuera la única cosa a la que pudieras prestar atención en esos instantes. Si la crisis es especialmente intensa, aparece la ausencia de ilusión por vivir. Se te pasa por la cabeza de todo, incluso el quitarte de en medio; y si no fuera por las personas queridas lo harías con gusto, a veces pensando – “¡Así no volveré a pasar por este infierno!”.

Pero como una de mis frases favoritas es, “de todo lo que pasa siempre es lo mejor”, creo firmemente que este nuevo reencuentro con los síntomas ha sido bueno para mi. Cuando tienes “éxito” en lo que haces, es común que la soberbia tome el mando en ciertos momentos de tu vida; es entonces cuando pierdes eventualmente la humildad y el respeto por el sufrimiento de la gente, y aparece la culpa.

Llevo más de hace 10 años trabajando con personas migrañosas con excelentes resultados, al menos en un 80% de los casos. Y si algo he aprendido, es que este temible conjunto de síntomas tiene un fortísimo componente emocional, y la culpa es su máximo exponente.

Hacer vida sana es fundamental, horarios estructurados, actividad física, buena alimentación, adecuado descanso y alguna técnica diaria de relajación o meditación son nuestras mejores herramientas y aliadas. Pero hay más…

Evita mezclar o excederte en el consumo de alcohol, comida o situaciones emocionalmente intensas. Aléjate de personas tóxicas, las personas migrañosas somos sensibles, perfeccionistas y con una fuerte tendencia a culpabilizarnos. A menudo se nos olvida que la vida es maravillosa, recuerda ordenar tus días, rodearte de personas optimistas y, sobre todo, adquirir el compromiso personal de cuidarte pensando menos en otros y más en ti.

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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