Por una u otra razón, hay semanas que por mi consulta pasan grupos de personas que vienen con una problemática particular, lo cual es de lo mejor que me puede pasar, ya que me permite observar primero desde fuera cómo un mismo conflicto afecta a distintos individuos y a sus respectivas personalidades, para después poder estar atento a cómo me afecta personalmente en las experiencias y situaciones por las que atravieso.

Pues bien, durante la última semana he aprendido un poco más sobre la soberbia, y me he dado cuenta de algunas cosas importantes. Para empezar, ya sabes que es uno de los pecados capitales, llamados así porque dan lugar a cometer otras faltas y vicios. Y es ahora cuando me viene a la cabeza la frase final de la película “Pactar con el Diablo”, cuando el gran Al Pacino en su genial interpretación de Lucifer afirma sonriente “…Y es que la soberbia es mi pecado favorito”. Vamos a intentar explicar las razones de esta afirmación…

¿Alguna vez te has enfadado en una discusión?, ¿te cuesta perdonar a alguien?, ¿te niegas a aceptar alguna situación o circunstancia?, ¿te gusta llevar la razón?, ¿sientes la necesitad de que te entiendan? o ¿la tendencia de juzgar a otras personas? Si has respondido con un “Sí” a cualquiera de estas preguntas, has actuado desde la soberbia, y por supuesto que me refiero a ese proceso de pensamiento semiautomático con el que nos sentimos tan familiarizados (apegados), que de forma inmediata lo comenzamos a justificar.

Quizá pienses que es muy difícil cambiar, que te sale solo, que te gusta comportarte así o cualquier otro pensamiento justificado, y todo esa verborrea también es soberbia, la misma que nos hace juzgar a otros por cómo se comportan cuando nosotros no lo hacemos mucho mejor, ni en ese ni en otros muchos aspectos de nuestra vida. Y en cualquier caso ¿no es difícil darse cuenta de lo que hacemos mal? Y entonces, ¿para qué lo juzgamos?

Pero como enfocarse en el problema, a menudo es peor que el propio problema, mejor vamos a encontrar soluciones. ¡Atención! Lo complejo no es cambiar tu conducta o patrón de pensamiento, lo que te va a llevar algún tiempo es darte cuenta del momento previo a realizar dicha conducta o patrón de pensamiento, al menos de los que quieras evitar. Y para ello, necesitas primero obtener “Conciencia Emocional”, esa practica de estar ATENTO al momento presente, en lugar de habitar ese proceso semiautomático en el que nos perdemos a diario.

Es tan fácil como identificar una situación conflictiva, por ejemplo alguien con quién discutas a menudo y te haga “perder el control” con facilidad. Cuando estés con esa persona, tu tendencia va a ser la de comportarte y hablar igual que siempre, sin embargo si prestas atención, te vas a dar cuenta de algo maravilloso, y es que puedes crear un espacio entre tú y esa persona para evitar caer en la tentación de responder a lo que, con toda seguridad, tú interpretas como un ataque en toda regla. Y cuando no respondes a dichos “ataques”, cambiando la soberbia por humildad, poco a poco la otra persona se queda “fuera de juego”, y comienza la reconstrucción de lo que, en otro tiempo seguro fue una amorosa relación, ya que de lo contrario, nunca se hubiera iniciado el conflicto.

Recuerda, la soberbia está en todos lados, es esa vocecita que te dice cómo tienes que actuar a sabiendas de que no es la opción que mejor te hace sentir. Para evitarla, practica con ese espacio, con la humildad, practica meditación y “Conciencia Emocional”, y por supuesto, practica Emoconciencia…. ????

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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