Bien es sabido que a menudo le otorgamos distintos significados a conceptos similares, incluso cuando nos referimos a una misma cosa. Lo curioso es que rara vez le prestamos atención a esto, cuando es el origen de gran parte de los conflictos en el mundo. A menudo defendemos las emociones y creencias asociadas a conceptos y etiquetas, más que a nosotros mismos. Como si tener razón en algo o convencer al otro de que estamos en lo cierto, fuera más importante que nuestra propia felicidad. Y ahí podemos incluir el idioma, las doctrinas, la religión, los ideales políticos o nuestro equipo deportivo favorito.

Por ejemplo, la religión ha sido manipulada durante cientos de años para que unos pocos obtengan dinero y poder. En los últimos tiempos también hemos asistido a como, una vez más, se ha utilizado el idioma para manipular y separar pueblos que vivían en paz; y todo por la misma motivación, tener más dinero y poder. Lamentablemente, el dinero y el poder vienen del exterior, es decir, nos pueden proporcionar satisfacción, pero nunca felicidad.

Cuando imparto charlas y formaciones, suelo encontrarme a personas que dicen no creer en Dios, y yo les explico que eso es imposible. La única forma de no creer en Él, es la falta de entendimiento, bien porque estén emocionalmente confundidos, alguien los haya manipulado, o simplemente no entiendan lo que Él significa. Si buscas en cualquier “libro sagrado”, todos ellos tienen distintas formas de explicar lo mismo, metáforas, símiles, parábolas, historias y leyendas. Sin embargo, todas coinciden en algo, y cuando algo se repite sistemáticamente, y además te hace sentir bien, es que estás en el camino…

La definición de Dios que comparten textos sagrados, maestros, profetas e iluminados de todos las épocas, es que Dios es Amor, y que Él está en todas partes. Pero nos cuesta entenderlo, y nos cuesta porque se trata de un concepto interno extremadamente simple. Y nosotros nos solemos relacionar con el mundo desde lo exterior, otorgándole una mayor importancia a todo lo relacionado con nuestra imagen externa y satisfacción inmediata, la que otorgan el dinero y el poder. El Amor requiere algo más de paciencia, y para eso nunca tenemos tiempo.

Ahora, por un momento, olvida todas las definiciones que te habías hecho o te habían enseñado sobre Dios. Por ejemplo que Dios es como una persona, que tiene ego, que se puede enfadar, o que tiene distintos puntos de vista. Si lo has hecho bien, y te quedas con la definición que te acabo de dar, lo podrás sentir cuando abrazas a un ser querido, cuando muerdes una fruta recién cogida del árbol, cuando ves las nubes pasar o disfrutas de un café con un amigo.

En mi opinión, la única función útil de la religión, es proporcionarle una estructura a la espiritualidad que facilite su entendimiento. Sin embargo, siempre ha sido explicada por personas, y estas les otorgan diferentes significados a conceptos y etiquetas que son iguales. Y ahí radican todos los conflictos del mundo. Como decía Einstein, “hay dos maneras de vivir tu vida: como si todo fuera un milagro, o como si nada lo fuera”, y como acostumbro decir, en tu elección está la puerta hacia tu cielo o hacia tu infierno…

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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