Uno de los temas de discusión más controvertidos dentro del crecimiento personal es, sin lugar a dudas, la gran cantidad de excusas que nos contamos a nosotros mismos y a los demás para justificar la no práctica de hábitos saludables; incluso cuando ya sabemos por experiencia que nos harían sentir mucho mejor. A todo este diálogo interno y externo, lo denominamos pensamiento justificado.

Solemos pensar y decir que lo más importante es la felicidad, aunque lo cierto es que la mayoría de la gente hace poco o nada para lograrla. Si eres de los que piensas que la ciencia tiene que demostrarte las cosas, a día de hoy existen multitud de estudios científicos que avalan al deporte, a la dieta mediterránea, al apropiado descanso y a la meditación, como aportes imprescindibles para lograr una vida más equilibrada y feliz.

Supongo que todos nos hemos preguntado alguna vez, cuales son las razones por las que elegimos a diario actividades que nos quitan bienestar en lugar de lo contrario. O quizá, por qué nos planificamos la vida dando prioridad a factores que nos alejan de la felicidad. Las respuestas pueden ser muchas, imitamos lo que vimos en nuestros padres y cuidadores; seguimos incondicionalmente los paradigmas que adoptamos siendo niños, o nos hemos vuelto adictos a una química emocional poco saludable, en realidad no es importante…

Sabiendo como sabes, que un cambio de los hábitos diarios nos va a proporcionar un mayor bienestar físico y mental ¿Por qué no lo hacemos? Y es aquí cuando hacen acto de presencia todos esos pensamientos justificados y respuestas incómodas. Pero si piensas con sencillez y sinceridad, la respuesta es fácil, aunque no te guste, la rechaces o la niegues una y otra vez. No lo haces simplemente porque no quieres, o dicho de otro modo, le das preferencia a otras cosas que no te harán feliz pero que te reportan otro tipo de beneficios a corto plazo.

Y es que la cuestión no es decir que quieres con la “boca pequeña”, los hechos se demuestran andando, y la mayoría hace mucho que no caminan. Se trata de querer queriendo, de verdad de la buena, de la que actúa sin pasarse la vida planificando un futuro mejor. La felicidad no va tocando a las puertas de las personas que piensan en ella, sino que entra directamente en las que actúan a diario para conseguirla…

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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