<Tengo> lucía orgulloso. Había logrado todo lo que, durante su periodo de domesticación, le habían enseñado a obtener para ser feliz; todo aquello a lo que solemos denominar «éxito«. <Tengo> presumía del orgullo de sus progenitores, de la admiración de sus amigos y compañeros de trabajo, y de la satisfacción de haber alcanzado más de lo que, sin darse cuenta, se había propuesto.

<Tengo> se creía feliz, tenía con quien compartir, lo necesario para nutrirse y las habilidades necesarias para aumentar su desempeño. También tenía las aptitudes para seguir desarrollándose, una buena actitud para mejorar, e incluso la intención y los recursos con los que viajar y adquirir más pertenencias y posesiones…

Sin embargo, <Tengo> tenía un conflicto, era incapaz de salir del orgullo y la soberbia en la que se había instalado. De lo poco que verdaderamente podía sentir, destacaba la inquietud, la que emanaba del que sabe que aún le falta algo, y consecuencia directa de una total identificación con todas las etiquetas que nos suelen poner y aceptamos, aunque vengan desde las mejores intenciones que la ignorancia de lo esencial es capaz de percibir.

<Tengo> vivía en una comparativa constante, a más tienes más vales, lo cual solía valerle de excusa para continuar el camino marcado por otros, que tampoco tuvieron oportunidad de elegir, ya que nunca se lo enseñaron. Por fortuna, la naturaleza es sabia, y nuestra parte animal incluye una guía, una brújula con la cual orientarse, basta con saber de su existencia y aprender a utilizarla, a menudo a fuerza de prueba y error.

<Tengo> tuvo el destino o la suerte de descubrir su propia brújula y la comenzó a usar, renunció a casi todo lo que le había encumbrado, y tuvo el valor de romper con aquello que ya no era necesario, enfrentándose al miedo de todos los que, al igual que él, habían sido domesticados por la ignorancia y el vacío que te aporta vivir sólo hacia fuera. Y poco a poco fue cambiando, dirigiendo su atención a lo esencial, desde dentro hacia afuera…

Y así, con las mismas aptitudes, habilidades, buena actitud e intención que ya tenía previamente, fue desaprendiendo hasta transformarse. Hoy en día <Soy>, pasa la mayor parte del tiempo siendo en lugar de teniendo, y sorprendentemente para él, vuelve a sentir todo el reconocimiento, satisfacción y admiración a las que renunció. Con una diferencia, ahora <Soy> suele sentir humildad y agradecimiento, y como consecuencia quietud, la misma que siempre había buscado donde nunca se puede encontrar, fuera de sí mismo…

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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