Hola, yo soy tu ego, y por supuesto el único “yo” que hay en ti. Soy consciente de que muchas personas hablan mal de mi, y que a menudo me acusan del malestar que te hace sufrir, sin embargo eso, es una verdad a medias, una simplificación malintencionada para intentar evadir tu propia responsabilidad. No todo lo que hago es malo, por ejemplo, gracias a mi puedes hablar contigo y con los demás, ya que es en mi estructura donde se alojan los mecanismos necesarios para el uso y entendimiento del lenguaje. Que nos hayan educado mal o que hagas un uso indebido del mismo, ya es otra cosa.

Piénsalo, gracias a mi también puedes entender los conceptos que has aprendido, ya sean simples o complejos, aunque he de reconocer que me encanta cotillear y preguntar sobre cosas “difíciles”, pero eso sólo es por mi afán de saber más y obtener un mayor reconocimiento. Así nos lo enseñaron, ¿o no lo recuerdas? Cuando éramos pequeños había que competir, compararse, superarse constantemente y a cualquier precio. Yo quería igual que tú la atención de papa y de mama, y a ti te parecía bien, o al menos no hacías nada por detenerme. Yo hice lo que tenía que hacer para protegerme, bueno, para protegernos…

¿Recuerdas aquella niña que te dejó en ridículo delante de tus amigos? ¿O cuando aquel maestro te dijo que no te enterabas de nada en mitad de la clase? Pues ahí estaba yo, tomando buena nota, recordándote que el que la hace, la paga. Que esa gente se portó mal con nosotros, y que el resentimiento nos ayuda a recordar lo mal que lo hicieron, lo injustos que fueron con nosotros. Puede parecer duro, pero la vida es difícil, aquí hemos venido a sufrir, o es que no recuerdas cuando lo dijo mama, ellos lo dicen, y yo te lo recuerdo…

¿Y cuando papa te regañó por aquello que no hiciste? Donde estaba su Amor entonces, ¿porqué no nos creyó? Yo hice lo que tenia que hacer, el dolor es intenso ¿sabes? Yo lo se mejor que nadie, pues soy el encargado de conectar con él, y el que se ocupa de recordártelo a diario. Y sí, reconozco que también soy “yo” el que te critica, ese que hace todo lo posible por incordiarte a ti, y a todo aquel que se cruce en mi camino. Hago lo que me pediste, y haré lo que tenga que hacer para protegerme… Perdón, protegernos.

Es cierto que soy “yo”, el que juzga al vecino por cualquier cosa, que soy “yo” el que, en mi afán de que no se te olvide nada, te mantiene preocupado constantemente. El que te recuerda todo lo que no has terminado y el que te anima a que lo dejes para más tarde. El que te avisa de lo que no te gusta, el que te domina cuando te enfadas, y el que te maneja cuando tienes mucho miedo a cosas que no existen nada más que en tu cabeza, en mí. Y sí, también soy yo al que le gusta recordar el pasado e imaginarse el futuro. Sé que te deprime y agobia, pero ¿no somos un equipo?

Además, no haces nada por evitarme, por quitarme el poder que me tú mismo me diste. ¿Que no sabes cómo? Pues mira, te lo voy a decir, eres tan débil que ni siquiera lo vas a intentar. Sólo tendrías que tomar la determinación de empezar a cuidar tu cuerpo y tu mente, evitar dejarte llevar por mis deseos, disciplinarte, dedicar tiempo a pensar qué es lo que sobra en tu vida, y tener el valor para sacarlo. Esforzarte por sentir Amor por ti y por otros, y demostrárselo; porque el Amor que no se expresa no sirve de nada. Perdonarte, por todo el dolor y el miedo que me has encargado que te guarde. Pero sobre todo, entender que tienes que trabajarte a diario, que la confianza, la perseverancia y la paciencia son tus mejores aliadas para salir adelante.

Hola, yo soy tu ego, y voy a seguir aquí contigo mientras tengas cuerpo. Y lo único que puedes hacer es debilitarme lo suficiente para ser feliz, pero nunca eliminarme del todo… Así que ve acostumbrándote a ello…

¡Te deseo una meditada y paciente semana!


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