Entre los procesos de duelo y la adicción…

El sentirse incompleto, no aceptarse o no amarse incondicionalmente son con toda seguridad, las principales razones del sufrimiento humano. Cuando alguien se siente incompleto es como si le faltara algo, y si te falta algo tu vida carece de sentido, aunque todavía no lo hayas experimentado así. Por esta razón solemos iniciar una búsqueda de algo exterior con lo que completarnos. Algo que nunca va a suceder, ya que la completud interna sólo se puede alcanzar desde un proceso interior.

Cuando intento rellenar mi vacío interior con algo de afuera, me estoy mintiendo a mi mismo, un engaño muy sofisticado, pero engaño al fin y al cabo. Es posible que creamos haber encontrado en nuestras parejas o hijos esa pieza que nos completa, sin embargo esto es una ilusión. Lo único que hago es asignar responsabilidades a terceros que sólo yo puedo asumir. Y cuando lo hago, se convierten en una adicción para mi, en algo que necesito…

Las pruebas son irrefutables, si tan solo una de esas personas se va de nuestra vida, automáticamente nos sentimos mal, incompletos, insatisfechos, apenados y resentidos. Hasta el punto de llegar a culpar a un fallecido de habernos “abandonado”. A esta fase, la llamamos duelo, y es muy similar al “mono» que nos produce una adicción. Casi sin darnos cuenta, nos volvemos adictos a aquellas personas a las que le otorgamos un papel que no les corresponde, el de hacernos felices. Y esto es apegarse, una compleja adicción interna.

En cuanto al origen de las adicciones, el proceso es parecido. Desde nuestra fecundación podemos experimentar miedo al rechazo, a no ser amados o a que nos abandonen. Cuando somos pequeños, todo lo que deseamos es la atención de nuestros padres y cuidadores, esa es nuestra forma de experimentar el Amor durante los primeros años de vida. Y con tal de conseguirla, estamos dispuestos a renunciar a nosotros mismos, a nuestra autenticidad.

En los años posteriores y adolescencia, se inicia una competición feroz por sentirnos aceptados y reconocidos por los demás. Y si creemos que no lo estamos consiguiendo, el dolor puede llegar a ser tan intenso, que decidimos taparlo por todos los medios, como una barca que “hace agua” por todos sitios. Cómo todos los parches, es una situación que sólo podemos mantener temporalmente. Y así nos pasamos la vida, buscando afuera lo que sólo se puede reparar definitivamente adentro. Y la consecuencia, no amarnos a nosotros mismos…

En este punto, es donde se originan todas las adicciones, primero las internas y después las externas. Ya que todas las adicciones externas, alcohol, comida, tabaco, juego, sexo, drogas, etcétera, comienzan en una adicción interna, pensamientos, comportamientos y actitudes. Y sólo son la punta del iceberg de algo mucho más grande, un dolor tan intenso como antiguo que sólo podremos liberar haciéndolo primero consciente, y aceptándolo después. 

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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