Porque siempre hay algo nuevo que aprender…

Yo, con mi numerosa y variada formación, con mis doce años de experiencia en el trabajo con emociones, y con 15.000 consultas realizadas, aún tengo cosas que aprender. Yo, el creador de Emoconciencia, con todos mis conocimientos y experiencia como formador y ponente a nivel internacional, me falta muchísimo por aprender. Y es que yo, con toda mi habilidad para conectar y ayudar a otros a eliminar emociones desagradables, me doy cuenta de que, cuanto más sé, más me falta por aprender, y no tanto de conocimiento, sino de entendimiento, y sobre todo… de conciencia.

Como Coach y facilitador tengo la suerte de tratar con muchas personas que me enseñan todo lo que aún no está bien en mí, y la verdad es que es un auténtico privilegio trabajar con tanta gente a través de consultas, cursos y talleres. Las personas con las que interactúo, me reflejan muy claramente algunos de mis conflictos personales, especialmente los que son prioritarios trabajarme… Cada cierto tiempo, alguien viene a desafiar todo mi supuesto conocimiento, obligándome a sacar lo mejor de mi. Y es entonces, cuando me doy cuenta de todo lo que me queda por aprender, por entender, y por supuesto, por Ser.

Hace tan sólo unas semanas, llegó a mi consulta una de esas personas que, sin pretenderlo, te administran una buena cura de humildad. De esas personas que hacen saltar todas las alarmas de mi personaje “sabelotodo”. De las que logran sacarme de mi centro, y por supuesto, hacerme perder la tranquilidad. Y no te puedes hacer una idea de cómo se lo agradezco, de todo lo que me está enseñando sin habérselo propuesto. Y es que la ley del espejo es tan perfecta como oportuna, llegando siempre en el momento justo para enseñarte lo que más necesitas trabajarte para seguir creciendo.

Y esto que me pasa a mi, también te pasa a ti, seas consciente de ello o no. Aunque te pases el día delante del ordenador o la televisión, estés todo el día conduciendo, o trabajes sólo o cara al público. Nos pasa a todos, y no solo en nuestro trabajo, también en nuestra vida personal, con nuestras parejas, padres, hijos, hermanos, amigos, e incluso con cualquier desconocido con el que te cruzas por la calle. Y es que la interacción con otras personas, es la forma más eficaz de mejorar el conocimiento que tenemos de nosotros mismos.

Entender y aceptar que nos queda mucho por descubrir de nosotros mismos a través de los demás, es una excelente manera de ahorrarnos sufrimiento. Y es que si estamos aquí es para aprender, y resistirse a ello, hace que la vida pierda parte de su encanto, e incluso, de su sentido. Así pues, te invito a descubrirte, a mostrarte a otros, y sobre todo a arriesgarte a conocer a gente nueva. Todo, con tal de descubrir cual será tu próximo aprendizaje.

Y aunque soy consciente de que este proceso puede doler, recuerda que para saber lo que es agradable, se precisa visitar lo incómodo de vez en cuando, y si es a través de una cura de humildad, mejor que mejor… 😉

¡Te deseo una instructiva y humilde semana!

 


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