En la película “El Último Samurái” dicen una frase que me encanta: “Un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer, hasta que su destino sea revelado”. Que podría significar algo así como pensamiento recto, fuerte convicción en las propias creencias y aceptación a la hora de cumplir con nuestro deber y responsabilidades. Y una vez finalizadas las tareas asignadas, llegaría el aprendizaje y el entendimiento, que nos otorgan el orgullo y la satisfacción de haber hecho las cosas bien…

La frase representa la determinación de realizar algo que creemos justo, bueno y conveniente en base a un bien común mayor que nosotros mismos; en la película, incluso cuando cumplir con este deber significara una muerte casi segura. En definitiva, honor, respeto y lealtad hacia lo que creemos y defendemos como nuestro, por ejemplo, en sacar adelante a nuestra familia, ser rentables para la empresa que nos paga, o colaborar desinteresadamente con la sociedad o con una ONG.

Se trata de hacer las cosas bien, aunque no de morir en el intento; porque nada vale más que una vida humana, especialmente si se vive con sentido. Y quizá el problema esté ahí, en haber dejado de vivir con sentido, trascendente o espiritual. Y es que ¿cómo podemos llegar a conocer nuestro destino sin resolver nuestro presente? Y aún más, sin prepararnos para ello. Lo único que sé con certeza, es que sea como sea necesito energía para lograrlo, y sin cuidarme eso es imposible.

No fijes tu atención en lo que haces, si no desde donde lo haces y los resultados que obtienes. Las personas que quieren algo de verdad lo consiguen, porque querer es poder, porque tienen la determinación necesaria para olvidar las excusas y recordar los logros. Porque si de verdad quieres dejar de fumar, empezar a hacer deporte, meditar o simplemente ser mejor persona, sólo tienes que actuar con la determinación y la fe de que lo vas a lograr; con el honor, el respeto y la lealtad que te mereces, pero sobre todo, porque “Un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer…”

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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