A casi todo el mundo le gustan las personas seguras, confiadas y con una fuerte determinación. Tenemos la tendencia de pensar que suelen ser personas exitosas con capacidad para liderar, gran fortaleza mental ante las adversidades e inteligencia. Incluso, se les suele otorgar un mayor atractivo físico. Pero ¿qué tienen de especial esas personas? Pues en realidad, poco más que una correcta gestión emocional en ámbitos específicos. De hecho, los vemos así al compararlos con nosotros mismos en situaciones similares y perder, gracias al miedo y a su poder para robarnos todo nuestro valor.

Hay que tener en cuenta que todos sentimos seguridad e inseguridad en según qué circunstancias, lo cual viene determinado por la gestión emocional que hacemos de aquello que sentimos en cada momento. Por mucha inseguridad que creas tener, si le preguntas a tu hijo o a un niño pequeño cómo te ve, te dirá que como a un súper héroe o súper heroína que siempre sabe cual es la mejor opción y que tiene el poder de hacer muchas cosas al mismo tiempo. Ese niño se compara consigo mismo, y por lo tanto observa sus capacidades y las tuyas desde una perspectiva directa y obviamente equivocada.

Si de algo estoy seguro, es que tienes más seguridad, confianza y decisión de la que crees tener en muchas más situaciones de las que piensas. Sólo que tú no te das cuenta o no lo valoras de la forma adecuada, precisamente porque se trata de ti. Podríamos definir seguridad como la ausencia de miedo ante la posibilidad de equivocarse, por eso pensamos que los jefes tienen seguridad cuando toman decisiones, que los padres tienen determinación a la hora de imponer normas a sus hijos, o que algunas parejas tienen confianza porque siempre saben lo que les apetece hacer y lo transmiten.

Ya sabes que lo mejor de lo mejor es evitar compararse con nadie, pero si lo vas a hacer hazlo en todas las circunstancias, porque hacerlo sólo en una específica sería una valoración poco objetiva y por lo tanto errónea. Por ejemplo, un jefe con mucha determinación puede ser también un padre inseguro; un padre confiado y tranquilo podría ser a su vez una pareja desconfiada y celosa; y una pareja cariñosa y decidida también podría ser un jefe desconfiado de sus empleados. Ya sabes que las apariencias engañan y las cosas no siempre son lo que parecen, no hay más que ver cuantas figuras públicas, atractivas, inteligentes y líderes en sus respectivos ámbitos, han acabado mal a nivel familiar, en sus negocios, o incluso en la cárcel por exceso de ambición y poca honestidad.

Si quieres tener más confianza en cualquier ámbito tienes dos opciones. Aparentar serlo practicando delante de un espejo, como hacen muchos políticos y personajes públicos. O reconocer tu propio valor, que en realidad es muy alto, tomando conciencia de lo que ya estás haciendo con excelencia en la actualidad. Se trata de trasladar el “cómo lo haces” a cualquier otra situación de tu vida. Recuerda que el mayor aprendizaje siempre proviene de nosotros mismos…

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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