En nuestra formación “Despertando al Maestro Interior”, explicamos las diferencias entre problema y conflicto, las cuales sorprenden a los alumnos. El motivo de esta reacción, es que muchos creemos conocer y entender sobradamente el significado de estos conceptos tan simples. Sin embargo esta no es la realidad, o al menos no solemos actuar desde esta supuesta comprensión. Quizá la razón esté relacionada con una confusión respecto a estos otros dos términos, y es que no es igual conocer que entender.

El conocimiento sólo significa acceso a la información, por ejemplo, podemos tener toda una biblioteca a nuestro alcance, e incluso, leernos una buena cantidad de libros, lo que sólo implica tener conocimientos, pero no experiencia en relación a dicha información. Sin embargo, entender implica llevarlo a “tu propio contexto”, es decir, aplicarlo en la teoría o en la práctica a una situación real que hayas experimentado de forma personal. Hasta el momento en que esto ocurra, no podremos decir con seguridad que lo hemos entendido.

Volviendo a los conceptos iniciales, un problema sólo se puede solucionar cuando te haces consciente de él. De lo contrario, nunca harías nada por solucionarlo, puesto que no tendrías conocimiento de su existencia. Eso sí, una vez tomamos conciencia de que lo tenemos, podemos analizarlo en detalle y resolverlo, lo cual nos hará sentir realmente bien. Y es que los humanos somos muy buenos analizando y resolviendo problemas, además de que nos encanta, de lo contrario nos aburriríamos. De hecho, una de las formas más extendidas de autocastigo, es posponer las tareas pendientes con un doble objetivo, sentirnos mal por no iniciarlas, y negarnos el bienestar que nos produce el finalizarlas.

Y por si esto fuera poco, llega la estrategia preferida del ego, culpar a los demás. Culpar a otros, implica responsabilizar a un tercero de nuestros propios problemas o malestares, lo que es incoherente. Así sólo conseguiremos trasladar de forma imaginaria nuestra propia responsabilidad hacia la otra persona, lo cual no aliviará nuestro dolor, aunque sí te hará pensar que es el otro el que tiene que actuar, dejando el problema sin resolver. Que la actitud de alguien te de rabia, no supone que sea culpa del otro, sólo que el juicio que has hecho sobre su actitud te hace sentir mal a ti; luego el único lugar donde lo puedes arreglar en tu interior, origen del juicio.

Lo más sencillo, cómodo, y en definitiva a lo que estamos acostumbrados, es culpar a otros de nuestro malestar, lo que representa una genial estrategia del ego para no hacerte consciente del verdadero problema, así no harás nada por solucionarlo, manteniendo el malestar indefinidamente. Decía Buda, que tenerle rabia a alguien era como tomar veneno y esperar a que el otro muriera, y es literalmente cierto, porque el miedo y la ira, son puro veneno, y mientras creemos ver morir al otro, a nosotros se nos escapa la vida.

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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