Hay expresiones que encierran mucho dolor en muy pocas palabras, por ejemplo: “¡Me han roto el corazón!”. Aunque estoy de acuerdo en que el corazón puede dañarse, que no romperse, me pregunto ¿a quién se le ocurriría semejante frase? Sin duda, a alguien con una marcada personalidad victimista; la que se regodea en el sufrimiento propio y ajeno.

Sabemos que un fuerte disgusto produce un micro-infarto, lo que es igual a una pequeña cicatriz en el músculo cardíaco. Mi discrepancia está en que la frase da a entender que la culpa es de terceros en lugar de asumir la responsabilidad propia. Cuando crees poseer a alguien o tener controlada una situación te vuelves vulnerable a la decepción, y eso puede doler mucho.

Revisar un conflicto en repetidas ocasiones, con especial atención a las sensaciones internas que tenías en el momento, puede significar un nuevo entendimiento para tu conciencia, hasta el punto de transmutar sufrimiento en aprendizaje, e incluso eliminando resentimiento hacia terceros. Lo contrario significaría perpetuarlo, y con el tiempo, somatizarlo físicamente.

“La única forma de cambiar tu vida, es vencer el miedo que tienes a cambiar tu vida.”

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

CAPTCHA


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ir arriba