Aprovechando estas fechas, día de todos los Santos en España y el “Día de Muertos” en México, me gustaría hablar sobre aquello a lo que llamamos muerte, o el viaje desde la realidad que conocemos, hacia ese otro plano o dimensión que tanto nos fascina. A lo largo de la historia, distintas civilizaciones y culturas han honrado y respetado a sus antepasados ya fallecidos, de forma tan diversa como original y unos con más acierto que otros.

Como ya sabrás, en Emoconciencia se valoran las creencias en función de lo que nos hacen sentir, y en el asunto que hoy nos ocupa, el proceso de vida y muerte es visto como cualquier otro ciclo más de la naturaleza. Pensar en la muerte se percibe como agradable, salvo que tengas una creencia limitante asociada, y como muchos afirman no da miedo, ya que este sólo se produce en ausencia de Amor, que es lo que somos, y por lo tanto no puede viajar más allá del cuerpo que lo almacena y de la mente ignorante que lo genera.

Como con cualquier persona, planta o animal vivo, sentir Amor y respeto por los que ya no están con nosotros es de una lógica emocional contundente, ya que todo lo que aparentemente sentimos de afuera es tan sólo una proyección de lo que sentimos adentro, y la muerte no iba a escapar a una de las máximas de todo lo que existe.

Por tanto, honrar y respetar a los fallecidos es algo bueno para nosotros, pues lo “normal” es que nos haga sentir bien, por ejemplo recordando momentos felices en su compañía. De lo contrario, aún tenemos algo que aprender de los que ya se fueron. Al marchar, al menos nos dejaron dos importantes lecciones, la paz que proporciona el desapego, y el entendimiento de que nada nos pertenece. Recuerda que lo que te hace sentir mal, no es verdad para ti, luego sólo hay que limpiarlo para seguir disfrutando de esta experiencia de vida que tenemos la suerte de compartir en este único y especial momento.

Durante el proceso de duelo, es natural sentir cierta tristeza y melancolía temporal, lo cual forma parte de un complejo sistema químico que se produce en tu cerebro. Más allá de eso, el sufrimiento sólo existe como parte de experiencias mal interpretadas y creencias limitantes, las cuales pierden su sentido ante la simple lógica emocional. Por fortuna, los duelos que se alargan demasiado en el tiempo suelen ser sencillos de trabajar.

Si eres de las personas que has perdido a un ser querido, y con “perdido” me refiero a que sigues sufriendo mucho tiempo después de su marcha, te deseo la paz que seguro él o ella ya están sintiendo. Y es que si fuera una opción el hecho de que les faltara algo para estar bien, seguro que es tu sonrisa, alegría y bienestar interior cada vez que piensas en ellos.

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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