Dependiendo de con quienes hablemos, y salvo en contadas ocasiones, gran parte de nuestras conversaciones versan sobre situaciones sin demasiada importancia real. Un intercambio de información poco o nada relevante que desde el “Instituto Emoconciencia” denominamos “hablar por hablar”. Esta forma de transmitir y recibir información tiene la particularidad de estar claramente influenciada por el miedo, ya que, o criticamos a personas y situaciones, o nos quejamos de esas mismas personas y situaciones.

Obviamente, cuando hacemos esto nos sentimos mal. Y por si fuera poco, estamos cultivando ese hábito en nosotros mismos y sembrándolo en otras personas. Además, es una conducta muy extendida y “aceptada” en nuestra sociedad, con lo que lo “raro”, es no hacerlo. Y es aquí donde es bueno recordar, que somos nosotros los primeros que podemos dar ejemplo de aquello que nos gustaría ver en el mundo, en nuestro mundo.

Ahora, quizá estés pensando que lo que expreso aquí es complicado de hacer, sin embargo las cosas no son fáciles o difíciles en sí mismas, simplemente tienen una mayor o menor complejidad, y eso lo único que implica es más o menos tiempo de práctica para asimilarlo y realizarlo con facilidad. Así pues, las preguntas correctas serían ¿Quieres empezar a practicarlo? Y si tu respuesta es afirmativa ¿Cuándo empiezas?

Lo que se propone aquí, es mucho más importante de lo que en principio puede parecer, ya que se trata de elegir entre la inquietud que te produce el miedo, o la Paz que uno tiene cuando habla de aquello que le hace sentir bien. Llegados a este punto, muchos creerán que es imposible tener una buena relación con ciertas personas, pero creerlo no lo convierte en realidad, y aunque reconozco que a veces parece lo contrario, recuerda que las apariencias engañan. Y precisamente por eso, hay que tomar decisiones conscientes, aunque algunas tengan desagradables consecuencias y por ello les tengamos mucho miedo.

Cuando tomas una decisión consciente, tienes la oportunidad de establecer un marco de referencia propio, puedes elegir tu forma de actuar en dicho marco. Por ejemplo, si decides mantener cualquier tipo de relación con alguien, tu puedes elegir cómo te vas a comportar con esa persona, y en función de tu elección, esa persona decidirá como se va a comportar contigo. Si con el tiempo no te gusta el resultado, tienes dos opciones, cambiar de actitud y conducta, o alejarte de esa persona, siempre que esto sea posible. Pero decidas lo que decidas, y siempre estamos decidiendo algo, evita a toda costa quejarte, o juzgarlo…

Siempre que tu marco de actuación con otra persona te disguste, puedes cambiarlo a través de decisiones conscientes. Es fácil, en una relación de pareja o amistad, puedo elegir mantenerme en dicha relación o no, y también puedo decidir cambiar mi forma de actuar con esa persona. Pero si esa relación es familiar y se ha de mantener, la única decisión consciente que puedes tomar, es cambiar tu forma de relacionarte con esa persona. Y la buena noticia es que siempre será tu decisión, y la puedes cambiar cuantas veces quieras…

Confío en que esta información te sea de utilidad, pero si decides obviarla, al menos no la juzgues, ni te quejes del resultado que obtengas al hacerlo. De lo contrario seguirás viviendo en el miedo, y eso, sólo te puede llevar al lado oscuro de esta maravillosa vida.

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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