Después de tantos años en la labor de ayudar a otras personas, si me preguntaras qué ha sido lo más valioso que he aprendido, te diría sin dudarlo que es amarse a uno mismo, además, con la mayor intensidad posible. Y aunque muchos identifican esto como un pensamiento egoísta, lo cierto es que amarte es con diferencia, lo mejor y más importante que puedes hacer por ti, y también por los demás…

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” A esta frase tan conocida y simple le podríamos asignar un sentido condicional para facilitar su entendimiento. Es decir, el cuanto te amas a ti es directamente proporcional al Amor que puedes sentir por tu prójimo. Y esta es una verdad tan grande, que aún poniéndola delante de nuestras narices nos cuesta ver.

Recuerda qué ocurre cuando un día cualquiera te levantas con malestar, estás de mal humor y no te apetece nada. Así es difícil amarse, todo te estorba, no quieres hablar con nadie ni te apetece cumplir con tus tareas rutinarias. No tienes Amor y por lo tanto no lo puedes dar. Sin embargo, en otras ocasiones te levantas bien, con alegría, energía y ganas de vivir, entonces es muy fácil amarte, proyectando ese bienestar hacia personas y situaciones. Todo está bien, saludas a la vecina con la que nunca hablas, abrazas a tu familia, sonríes al jefe y ayudas al necesitado, tienes Amor y por tanto lo puedes dar, y cuando lo haces, lo multiplicas…

Cuando uno está bien y se ama a sí mismo, todo es tan fácil, te enfocas de forma automática en lo positivo, encuentras solución a cada problema y entendimiento a cada conflicto. Aparece la paciencia y la compasión, tu hombro está disponible para quién lo necesite y tu mente abierta a nuevas oportunidades para proyectar ese Amor a quién lo te lo pida, sin filtros ni juicios, y lo multiplicas…

Y te estarás preguntando ¿Cómo puedo amarme y tener más días dulces? Pues como siempre, la respuesta está en tu interior. Amando cada mañana lo que ves en el espejo; olvidándote de las críticas destructivas que te haces a menudo, agradeciendo todas las cosas buenas que ya tienes; disfrutando cada día como lo que es, un regalo, un presente; aprovechando las oportunidades que te brinda cada jornada para seguir mejorando… Y por supuesto, cuidándote con los cuatro pilares del Wellness: Actividad física moderada, alimentación saludable, descanso adecuado y meditación diaria.

Y nunca olvides que tú eres lo más importante para ti mismo y para los que dependen de ti. Y si te dicen que actuando así eres un egoísta, recuerda el valioso aprendizaje que nos traen los niños, que siempre imitan los actos, no las palabras… Así que ya sabes, ámate y compártelo, sé un ejemplo a seguir para tu comunidad, y todo lo demás vendrá por añadidura…

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

CAPTCHA


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ir arriba