Hace años conocí a una de esas mujeres maravillosas que uno tiene la suerte de encontrarse por la vida; una de las que se entrega en cuerpo y alma para satisfacer las necesidades de los demás; una de esas que siempre te encuentras con las cosas hechas pero que, aún así, no para de ir de un lado para otro dejándolo todo perfecto (como si eso fuera posible…). Son personas especiales, de las que dejan huella, con las que tienes la seguridad de que, cuando estás en su presencia, te van a proporcionar justo lo que necesitas, en el momento oportuno: una mirada cómplice, el aperitivo perfecto a cualquier hora del día, palabras simples, sabias y justas para todos los presentes, un silencio que acompaña, o un abrazo perenne, de los que sigues saboreando horas después de haberte ido.

Sí, escribo sobre una mujer especial; para quién la palabra egoísmo carece de sentido; de las que se dan la vuelta cuando piensas en “humildad” como si la hubieras llamado por su propio nombre; de las que solo disfrutan cuando todo el mundo está atendido; de las que te dicen mucho, sin mover los labios, con solo mirarte por encima de sus abultadas gafas; de las que te saludan siempre y pronuncian las palabras de consuelo que precisas. Un ser de sonrisa perfecta, no solo por lo que se ve, también por lo que se siente y el efecto que te produce. Alguien para quién no importa ni la distancia ni el tiempo, porque sigue pensando en ti, siempre te tiene presente y, aún hoy, continúa buscando los regalos perfectos que traerte cada vez que viaja por ahí, uno que sea práctico y te guste y otro que te haga sonreír.

Hace un año que se le intuye diferente, quiero pensar que está haciendo lo que tanto le gustaba, viajar, solo que esta vez no vamos a verla hasta dentro de un tiempo, al menos no de la forma que nuestros limitados sentidos pueden hacerlo. Quiero pensar que se ha ido por necesidades del guión, al fin y al cabo esta vida es una tragicomedia y alguien tiene que hacer el papel que los demás necesitamos para crecer y seguir aprendiendo.

Ya hace tiempo que se demostró que la mente no distingue entre la realidad y lo que se imagina con cierta intensidad, me ocupo de recordárselo a mis pacientes y a mí mismo a menudo; también les suelo preguntar cómo les gustaría que le recordaran sus familiares y amigos cuando estén al otro lado… Todos me responden que con felicidad y una sonrisa en la cara (o cosas muy similares). Por eso yo, que no quiero ser ni mejor ni peor que nadie, hago eso cada vez que la recuerdo, e imagino que me sonríe y está orgullosa de mí por ser capaz de dar ejemplo en aquello que enseño.

He aprendido tanto en el tiempo que la he disfrutado; me siento tan agradecido de que haya pasado por mi vida, que el único y mejor homenaje que le puedo realizar es ser feliz, y serlo ahora, independientemente de las circunstancias ¡y sin excusas! Y si tú que me estás leyendo, tienes la suerte de conocer o haber conocido a un ser así ¿a qué esperas para sonreírle, llamarle, imaginarle y transmitirle la enorme gratitud que se merece? Sólo te tomará un momento. Así sabrán que han realizado satisfactoriamente la misión que se les encomendó y querrán seguir haciéndolo. Quizá solo sea un pensamiento feliz e inocente, pero ¿sabe tu cerebro diferenciarlo? Piénsalo.

En recuerdo amoroso de Antonia, alguien muy especial en mi vida… ¡Luz, Amor y gratitud infinitas!

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

2 comentarios en “Una mujer maravillosa”

  1. Sus palabras me impactaron, causaron tantas emociones en mí, que provocaron mis lágrimas de sólo imaginar los muchos sentimientos que causaron en ti la maravillosa mujer que describes. Quedo muy agradecida con usted por informarnos que existen estos seres de luz, espero tener la suerte de tocarme con uno de estos seres angelicales.

  2. Emoconciencia

    Muchas gracias por sus palabras Carmen, estoy seguro que ya hay alguna persona así en su vida, están ahí para enseñarnos a ser mejores y todos merecernos ese regalo. Lo que suele ocurrir es que no reparamos en ellos o ellas por distintas razones, quizá porque vivimos demasiado deprisa o porque estamos ocupados con asuntos con seguridad menos importantes pero a los que, por alguna extraña razón, priorizamos en nuestra vida. Le agradezco su tiempo de lectura y comentario, saludos cordiales. Miguel Ángel

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