Todos tenemos miedo, por eso nuestros padres nos enseñan a “ser valientes”, “a luchar por la vida”, a desconfiar del otro y a competir… Cuando era niño me costaba entenderlo, mis amigos eran como hermanos y todo era reír y jugar; lo que desconocía es que la gente mayor, sin darse cuenta, habían declarado la guerra a la vida resistiéndose a ella.

Ahora, como adulto, decido amar lo que hago con independencia del dónde, el cómo o con quién. Decido fluir, sentir en lugar de pensar y, en definitiva, dejar de resistirme a lo que ocurre, con la seguridad de que es lo mejor que me puede pasar. En definitiva, se trata de tomar conciencia de la libertad, pero también de ser responsable de tus decisiones a sabiendas de que, siempre, escoges la mejor opción en base a la información de la que dispones en ese momento. ¿Y tú? ¿Decides resistir o fluir?

“Una vez las cosas ocurren, no se pueden cambiar, resistirse a eso es como querer que el Sol no te ilumine.”

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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