Algunas de las consecuencias de los miedos ficticios más comunes

Existen muchos tipos de miedos ficticios, y uno de los más fuertes es el miedo al cambio. Estamos tan habituados a nuestra zona de confort, a nuestra “comodidad incómoda”, que rara vez nos damos cuenta de estar experimentando una repetición constante de patrones de conducta, a veces propios y a veces ajenos, pero que siempre nos generan malestar. Por supuesto, toda sensación desagradable procede de uno mismo, y se produce cuando juzgamos la situación que nosotros mismos estamos manteniendo o soportando.

Otro de los miedos ficticios más extendidos, es el temor a lo que otros piensen de nosotros, lo que podemos vivir como un gran peso familiar o como presión social. Y una vez más, somos nosotros mismos los que generamos estas corrientes de pensamiento que, tan a menudo, nos hacen sufrir. Por ejemplo, cuando pensamos frases como: ¿Qué pensarán mis padres de esto?, ¿qué opinión tendrán los vecinos? o ¿qué irá diciendo María o Juan de mi?

Si aplicamos estos dos miedos ficticios a una relación de pareja, podremos entender más fácilmente como estas han ido evolucionando, y porqué cada vez hay más separaciones. Nuestra capacidad de adaptación hacia todo lo exterior, cambiar de trabajo, de casa, de coche, incluso de pareja, es cada vez más alta. Pero cuando hablamos de los verdaderos cambios, que son los que se producen en el interior, la cosa cambia bastante…

Las personas siempre hemos tenido miedo al cambio. Y eso que la vida consiste básicamente en aprender a cambiar. Pero no es el miedo a los cambios externos lo que nos aterroriza, sino a los cambios internos, a modificar cómo nos tomamos las cosas. Eso lo defendemos como si fuera lo más valioso que tenemos y, probablemente, este sea uno de los mayores conflictos del ser humano.

Entonces, ¿porque antes la gente se separaba menos? La respuesta es obvia, porque tenían más miedo a lo que otros, sociedad, familia y amigos, pensaran de ellos, que a su propio malestar. Sin embargo hoy en día, separarse es algo tan común, que ese miedo al que dirán se ha difuminado mucho. Y ahora el miedo más poderoso es el temor al cambio interior, a adaptarse a la otra persona, o a las nuevas circunstancias que se van dando en la pareja: la convivencia, responsabilidades económicas, hijos, cuidar de los mayores, etc.

En definitiva, que hoy en día se cambia tanto de pareja, porque las personas no están dispuestas a cambiar internamente, literalmente, no quieren hacerlo… Eligen el “camino fácil”, el cambio externo. Y créeme cuanto te digo que, si no hubiera todavía algo de miedo “al qué dirán”, el asunto estaría mucho peor.

Por eso, cuando vemos esos documentales de televisión, con personas mayores que se llevan de maravilla, que parecen seguir enamorados, que se besan y que disfrutan el uno del otro, nos sorprende tan gratamente. En el fondo nos encantaría ser como ellos, mantenernos juntos hasta el último día, amándonos como el primero. Y lo podemos hacer, sólo necesitamos comprometernos con nosotros mismos. Sí, lo he dicho bien, no se trata de la otra persona, sino de ti. Cuanto mayor sea tu capacidad de adaptación interna, más felicidad personal tendrás, y entonces, todo el mundo te parecerá bien, porque no los juzgarás. Y cuando a una persona todo le parece bien, nadie quiere irse de su lado…  😉 

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


2 comentarios en “Los Miedos que Destruyen las Relaciones”

  1. Nunca me lo habria planteado de esa forma, pero no se si lo entendi bien. En realidad hablas de cambios internos, pero en definitiva es adaptarse en cierto modo a tu pareja para que funciones.Estoy en lo cierto, o no lo entendi bien?

    1. Emoconciencia

      Hola Begoña, efectivamente se trata de adaptarse, pero no solo a tu pareja, sino a las circunstancias que rodean tu vida en cada momento. Hay personas que me preguntan qué hacer si alguien te está haciendo sentir mal, si hay que adaptarse, y la respuesta es «depende». Para empezar, nadie te puede hacer sentir mal de forma directa (salvo que te agreda físicamente), son los juicios internos que nosotros mismos hacemos los que nos resultan más o menos desagradables. Dicho esto, cuando el juicio que yo hago de las palabras o actos de otra persona me hacen sentirme mal, entonces tengo dos opciones, dejarlo pasar hasta que se me olvide (lo que hace casi todo el mundo), o trabajarlo en mi. Trabajarlo significa evitar el juicio que me genera el malestar, para lo cual existen técnicas específicas, como la atención plena o la liberación emocional (que es lo que hacemos en las consultas de Emoconciencia y enseñamos en nuestras formaciones). Ahora bien, si alguien te está maltratando físicamente, o la periodicidad del malestar es demasiado alta para una sola persona (por ejemplo una pareja), entonces hay que dejar espacio entre esa persona y tú. Quizá dejando un necesario tiempo y espacio, o abandonando la relación definitivamente. Creo que es todo, espero haber resuelto tus dudas, muchas gracias por tu comentario… 🙂

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