Ahorra tiempo y energía diciendo lo que sientes de verdad…

Cuando nos encontramos con algún conocido, solemos preguntarle ¿cómo estás? Y las respuestas son similares en casi todos los casos ¡Bien! o ¡Muy bien! Aunque sabemos que eso no siempre es cierto, sencillamente porque la vida también nos obsequia de vez en cuando, con experiencias poco agradables de las cuales aprender. Y aún así, seguimos contestando de esta forma casi automática, es lo que aprendimos de nuestros padres y cuidadores cuando éramos pequeños.

A veces, es evidente que la persona se encuentra en mal momento, y las respuestas pueden seguir siendo las mismas. Quizá por una actitud reservada o por simple falta de tiempo, evitamos dar explicaciones, finalizando la conversación lo más rápidamente posible. Sin embargo, este no es el problema, lo importante es que a menudo solemos extrapolar esta conducta social a nuestro ámbito más íntimo, lo que puede acabar produciendo una sensación de vacío interno y soledad que nos acaba oscureciendo el carácter.

En mi trabajo en consulta, he observado como incluso en este contexto tan específico, hay muchas personas que tienen grandes dificultades para comunicar lo que les ocurre. No porque no lo sepan, sino porque no saben expresarlo; están tan acostumbrados a ocultar lo que sienten, que cuando llega el momento de hacerlo, tienen que hacer un tremendo esfuerzo que no siempre resulta sencillo. Lo más curioso, es que por experiencia, las personas que saben lo que les pasa, reconocen lo que sienten y de qué forma les está afectando, acaban resolviendo sus conflictos mucho más rápido y fácil que los demás.

Solucionar problemas, minimizar conflictos, relativizar situaciones, o reducir nuestro nivel de estrés, son algunas de las ventajas de hablar claro de vez en cuando, especialmente si lo haces con tu pareja, familia u otras personas de tu confianza. El secreto está en encontrar el momento oportuno y hacerlo de forma asertiva, expresando todo lo que sentimos con alguien a quien le tengamos confianza y con quien nos sintamos cómodos. A menudo, hablar en voz alta nos da una nueva perspectiva de un mismo problema o conflicto, lo que nos ahorra mucho tiempo y energía.

Se trata de algo tan simple como hablar de aquello que nos hace sentir mal o nos preocupa. Si no lo puedes hacer con tu pareja, hazlo con un familiar o amistad, y si tampoco es posible, busca un psicólogo, Coach o facilitador de tu confianza que sepa escucharte, pero hazlo. Al menos una vez al mes, desahógate hablando claro, comunica todo lo que te ronda por la cabeza, y expresa lo que sientes; ordenarás tus pensamientos y te sentirás mejor, garantizado…. 😉

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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