Desde pequeños nos enseñan las normas familiares, sociales y culturales correspondientes al lugar donde nacemos, nos explican lo que está bien y lo que está mal, y en base a dichas normas y a cómo las aplicamos nos castigan o recompensan. Finalmente, nos convertimos en adultos que han aprendido a evitar el castigo o rechazo, y a obtener recompensas o aceptación. Para entonces, casi todo nuestro comportamiento auténtico, original y creativo ha desaparecido, lo único que queda es el instinto de huir del dolor o castigo, y la búsqueda del placer o recompensa.

Nos enseñan que llevarse bien con los demás es una de las normas más importantes, aunque eso implique hacer cosas que nos disgusten para que otros estén bien y nos acepten. Esto a su vez, se transforma en conflicto cuando actúo para gustar a alguien, pero yo me siento mal al hacerlo. Todo esto forma parte de uno de los paradigmas más extendidos en nuestra sociedad, y como es probable que nunca te lo hayas planteado seriamente, te invito a responder con calma y sinceridad las siguientes preguntas:

¿Qué es mejor, actuar para estar a gusto tú o para que estén a gusto otros?

¿Qué recompensa es mayor, el placer que te produce hacer cosas por ti o lo que sientes cuando los demás piensan que eres fantástico?

¿Te sientes bien cuando actúas de un modo distinto al habitual para que una persona específica se sienta bien o no se enfade?

¿De cuantas maneras distintas eres capaz de comportarte para caerle bien a terceros?

¿Te sientes a gusto usando tantas máscaras según la persona o situación en la que estés?

Y una última pregunta ¿de verdad necesitas gustarle a todos?

Las respuestas a estas preguntas no son correctas o incorrectas, tampoco buenas o malas, sólo pretenden hacerte consciente de algunos patrones de pensamiento y conducta de los que quizá no te habías percatado hasta ahora. Y es que ¡siempre andamos tan ocupados…!

Pienso, porque eventualmente me doy el tiempo para hacerlo, que observar cómo nos sentimos cuando estamos con otros, es fundamental para nuestro bienestar y felicidad. Si lo haces, puedes tomar conciencia de que ha llegado el momento de dejar atrás a algunas personas, de que es bueno centrar tus esfuerzos en las que realmente te compensan, o quizá, que es hora de pasar algo más de tiempo a solas contigo, simplemente por el hecho de regalarte el tiempo de seguir pensando qué es lo mejor para ti…

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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