En estas fechas, muchos acaban pasando la Navidad echando de menos a sus seres queridos, a los que ya se marcharon. Quizá en un intento de disfrutar de su presencia trayendo al presente su recuerdo, una estrategia que rara vez acaba funcionando. Otros por su parte, se la pasan hablando del que se fue con cierta naturalidad, rememorando sus historias y bromas habituales, lo cual suele mejorar bastante el ambiente, siempre y cuando haya otros temas de conversación sobre la mesa y se sepa girar a tiempo.

Es un tema cultural, especialmente en los países latinos, donde parece que tenemos que sufrir más que nadie para demostrar o demostrarnos que esa persona nos importaba. Aunque en realidad, si era así, seguro que a lo largo de su vida se lo hiciste ver con tus actos y cariño constantes, y por supuesto, también a todos los que estaban a su alrededor.

¿Y qué pasa con los que aún siguen aquí? ¿Acaso no merecen ellos tu atención, cariño y alegría al reuniros por Navidad? Lamentablemente, algunos que estamos vivos somos los grandes olvidados de estas fiestas, al fin y al cabo seguimos aquí, aún no hemos fallecido, como si hiciera falta morirse para que a uno le hicieran caso. Y aunque no es mi situación, estoy seguro que alguno de vosotros os estáis sintiendo más que identificados.

Habrá personas que dirán que es egoísta disfrutar de las fiestas si un ser querido ya no está, y yo me pregunto ¿egoísta para quién? Si eres científico, tu cuerpo muere y se acabó, nadie te va a echar en cara nada excepto tú mismo. Y si crees que hay algo más, cuando partas ¿cómo te gustaría que te recordaran tus seres queridos? ¿Prefieres que lloren desconsolados o que sonrían y sigan adelante? Me parece más que obvia la respuesta, aunque para algunos pueda parecerles hasta pecado pensar así.

Yo por mi parte, tengo la certeza de que hay algo más allá, y que cuando nos vamos, llegamos a un lugar mucho mejor del que nos podamos imaginar, y además lo creo en todos los casos, para los que “han sido buenos” y para los que no. Creo firmemente que hay que disfrutar de cada segundo con las personas que nos rodean, de todas las cosas buenas que tenemos y de toda la gratitud con la que seamos capaces de conectarnos.

Porque señoras y señores, esto se pasa muy rápido, y aunque no creas o no te guste la Navidad, te acabas juntando con la familia y los amigos, y sólo por eso ya es una buena razón para celebrarlo. Además, nos quedan muchas cosas por hacer, muchos abrazos y besos por repartir, y sobre todo, muchísimo Amor por regalar, que el mundo está muy necesitado…

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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