¿Sabes? Me encantan las palabras, el cómo expresamos aquello que sentimos, pero ¿qué es sentir? Viene del latín sentire, que originalmente significaba oír, pero luego pasó a representar la percepción de todos los sentidos. Cambiando de tercio, podemos decir que el sentimiento es una respuesta del cuerpo físico a un pensamiento (especialmente la percepción táctil y sensaciones asociadas). Es posible que a veces nos dé la sensación de que es al revés pero, lo que ocurre es que el pensamiento se ha automatizado y ya no siempre es consciente para nosotros, entonces el sentimiento fluye, sin aparente pensamiento previo.

Todo lo que se dice tiene un sentido particular para quién lo dice, sin embargo, el receptor del mensaje, la persona con quién estamos hablando, lo puede interpretar de forma muy distinta a como pretendemos transmitir la información. ¿Os suena la frase “Hablar por hablar…”? Pues es algo que hacemos la mayoría a menudo, habitualmente por inseguridad, por miedo al silencio o al qué dirán. Es posible que en una charla sobre un tema intrascendente no tenga demasiada importancia, salvo que nos empecinemos en llevar razón; pero en conversaciones en las que nos importa de verdad que nos comprendan, siempre habría que preguntarle al otro qué es lo que ha entendido específicamente de lo que le acabamos de contar… Si lo haces, probablemente te vas a llevar más de una sorpresa desagradable, pero también te puede aportar muchas cosas interesantes:

Tomar conciencia de que no te expresas tan bien como creías. Si a un número elevado de personas les cuesta entender la información transmitida de la forma que esperabas, quizá sea el momento de tomar algunas medidas, como actualizar nuestras “frases hechas”, ampliar vocabulario o estudiar nuevos recursos lingüísticos.
Si lo preguntas a menudo, te aseguras de que la gente que se pare a hablar contigo y sepa que lo haces, te va a prestar más atención que al 80% de personas que conozcan, y eso ya es un verdadero logro. En la parte negativa, es posible que te des cuenta de que no tienes tantos amigos como pensabas.
No te llevarás sorpresas en la marca, talla o modelo de cualquier producto que le pidas comprar a tu pareja.
Te vas a ahorrar muchos “lo siento, no era eso lo que quería decir…” en tus relaciones.
Pero sobre todo, sentirás más confianza en lo que dices, en cómo lo dices y por lo tanto en ti, asegurándote de que el mensaje está llegando tal y como lo sientes.

Además, cuando veas los resultados de realizar esta simple pregunta a tus interlocutores, es posible que te pares a pensar qué vas a decir, cómo, a quién y con qué motivo. Con un poco de suerte entenderás que, normalmente, hablamos más de la cuenta, con más personas de las necesarias (cuando no las equivocadas), en lugares erróneos y en situaciones más que inoportunas. ¡Créeme! tengo mucha experiencia en ello. Al menos, ahora me puedo reír de mi mismo al recordar algunas frases conocidas como…

“Uno vale más por lo que calla que por lo que dice” (Dicho Popular)
“Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar” (Ernest Hemingway)
“Tenemos dos oídos y una boca para escuchar el doble de lo que hablamos” (Zenón de Citio)

Y mi favorita: “Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente.” (Groucho Marx)

A disfrutar… ????

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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