Uno de mis grandes descubrimientos como practicante de una “Actitud de Mejora Constante”, fue descubrir la increíble cantidad de espacio exterior, pero sobre todo interior, que ocupan las cosas que tenemos. Leí hace tiempo, y desde que lo experimenté lo recomiendo, que realizar una limpieza eventual (mínimo una vez al año) de las cosas que ya no utilizamos en casa o en la oficina, era un gran ejercicio de desapego, el cual nos hacía dejar atrás mucho peso emocional, pero sobre todo ganar aún más en libertad personal.

Y aunque es algo que practicaba de cuando en cuando, y es cierto que me sentía mejor, la realidad es que cuando por diferentes circunstancias me separé de la que hasta ese momento había sido mi pareja; me vi en la inevitable situación de dejar atrás mucho más de lo que estaba acostumbrado, sobre todo por un tema de espacio físico, ya que pasé de una casa de 180 metros cuadrados a un pequeño apartamento de apenas 60.

Al principio, como en casi todos los cambios profundos, la situación me sobrepasó un poco, manteniéndome un tiempo en estado de shock; pero lo cierto es que tras dejar atrás casi todas mis posesiones, y habiendo pasado ya unos cuatro años desde entonces, puedo decir que tan sólo he echado de menos un comic que me regaló mi mejor amigo y que, por cierto, he tenido la suerte de poder recuperar…

Es muy probable que puedas identificarte con algunas frases relacionadas con todo esto que te hablo, por ejemplo: “Tengo que regalar o tirar esto”; “A ver cuando revisamos el armario”; “Ni un mes más sin hacer la limpieza del trastero”; “Otro año guardando la misma ropa de temporada que no me pongo…”, etcétera. ¿A que te suenan? Y es que en una sociedad de consumo como la nuestra, todos tenemos bastante más de lo que necesitamos, incluso si como yo, ya tienes mucho menos que antes.

Es muy bueno recordar que “como es dentro es fuera”, y que si me cuesta deshacerme de las cosas, o simplemente no encuentro nunca el momento para hacerlo, significa que también estoy posponiendo algo internamente que me carga a nivel de sentimientos o emociones. Si tienes facilidad para sentirte, te propongo un ejercicio práctico que te ayude a darte cuenta todo esto:

Cierra los ojos unos segundos y respira profundo, cuando te hayas calmado imagina tu casa y realiza visualmente un pequeño recorrido a través de sus habitaciones, del interior de sus armarios, cajones etc.

Si lo haces bien, percibirás una ligera carga con cada uno de los objetos, libros o ropajes que ya no tengan que estar en tu vida actual… Y si te viene algún pensamiento relacionado con carencia como “Quizá lo use en un futuro”; “Puede que en algún momento me haga falta” o “Es posible que vuelva la moda”, no le hagas mucho caso. Confía en tu abundancia, el universo proveerá, siempre lo hace con el que tiene fe…

“No soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje. Vivo con lo justo para que las cosas no me roben la libertad” José Mújica

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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