Afrontar y resolver problemas evitando procrastinar…

Muy pocos tienen conciencia de lo afortunados que somos hoy en día. Y es que es sorprendente la inmensidad de información a la que una persona tiene acceso de forma casi gratuita e ilimitada. Sin embargo, lejos de sentir satisfacción por ello, solemos criticarlo, describiendo esta fantástica realidad como “un exceso de información”. ¿Y por qué nos ocurre esto? Simplemente porque interpretamos erróneamente la situación, ya que el acceso a todo este conocimiento ni te obliga ni te limita en nada, tan sólo te da opciones.

Con los problemas nos pasa algo similar, y es que algunos los juzgamos erróneamente como difíciles de resolver. Y los problemas no son ni fáciles ni difíciles, tampoco grandes o pequeños, solo nos llevará más o menos tiempo solucionarlos en función de su complejidad. Ahora bien, si resolver un problema implica tomar decisiones con posibles consecuencias para nosotros o para terceros, entonces podemos confundir el problema con un dilema, lo cual suele estar relacionado con uno o más de nuestros conflictos.

¿Cuantas veces has pensado o dicho “tengo muchas cosas que hacer”? ¿Y en cuantas te has sentido bien? Aunque parezca una obviedad, los seres humanos no somos multitarea, por mucho que nos quieran “vender” este concepto, sólo nos podemos enfocar en una tarea cada vez. Así pues, el antiguo y popular dicho “divide y vencerás”, cobra aquí mucho sentido; hace referencia a resolver un problema supuestamente difícil, dividiéndolo en partes más simples o pequeñas tantas veces como sea necesario, hasta que la resolución de las partes se torne obvia. Y es que en el ámbito del conocimiento, a veces menos es más…

Aplicar el “divide y vencerás” a tus problemas tiene muchas ventajas, ya que te permite planificar y priorizar la resolución de cada una de sus partes eficazmente. Pero también tomar conciencia de los dilemas implícitos, normalmente asociados a tus conflictos personales.

En nuestros talleres “Despertando al Maestro Interior”, damos una gran importancia a estos conceptos. Y es que solemos confundir conflicto con problema, lo que nos genera un enorme desgaste emocional que, a menudo, hace que retrasemos hasta las tareas más simples. Y esto es “procrastinar”; posponer o aplazar tareas, deberes y responsabilidades, por actividades más gratificantes, aunque también irrelevantes.

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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