Elegir entre cuidar personalmente de nuestros mayores o, si hay opción, dejarlos en una residencia al cuidado de profesionales, es una decisión a la que muchos nos hemos enfrentado, bien por experiencia personal o por conocer a alguien que lo ha vivido y nos lo ha contado. Lo más habitual es cuidar de padres o abuelos, aunque también puede tratarse de parejas, tíos, primos o personas con las que, sin ser familiares directos, hemos adquirido ese compromiso. En general son personas con mayor o menor dependencia que, a menudo, nos hacen plantearnos dilemas éticos y morales.

La intención de este artículo es ayudarte a elegir una opción en una situación específica, y de servirte de guía en otras. Soy consciente de que este es un tema complejo que genera debate, que existen muchas variables y que puede herir sensibilidades. Sin embargo, después de trabajar con un elevado número de personas con conflictos similares, y de vivirlo también de forma personal, me gustaría exponer mis reflexiones al respecto. Confío en que puedan serte de ayuda si ya estás viviendo una situación parecida o lo haces en el futuro.

De inicio, diferenciemos entre personas no dependientes y dependientes. Las primeras son personas activas, con vitalidad y buen carácter que se valen por sí mismas y que pueden aportar Amor y experiencia al entorno familiar; son recomendables para ayudar en la crianza de los niños y aportan un plus a los adultos. En el caso de los dependientes, pueden tener dificultades físicas, psicológicas o una suma de ambas, y aquí empiezan los conflictos.

La mayoría cuidan de sus mayores dependientes por compromisos personales y culturales, el resto se sienten obligados por sus fuertes apegos, y ambas opciones conllevan consecuencias desagradables. A mis pacientes en esta situación les hago una sencilla pregunta ¿recomendarías a tus hijos pasar por la misma situación que estás viviendo tú? Huelga decir que la respuesta en todos los casos es “no”. Y continúo, ¿tienes la preparación para realizar estas tareas? ¿Has desarrollado las habilidades emocionales necesarias para desempeñar estas actividades adecuadamente?

Como os podéis imaginar, las respuestas siempre son “no”, de lo contrario no estarían en consulta ¿cierto? Es verdad que existen personas “extraordinarias” que poseen una especial capacidad para gestionar sus emociones y sentimientos, disfrutando del cuidado de sus mayores; por desgracia son los menos. Y entonces llega la última cuestión, ¿Crees que el estrés y malestar que te genera ejercer como cuidador/a es sano para ti y tu entorno?

Si por enfermedad una persona te insulta y además es tu madre, es bastante complejo que te puedas sentir bien. Si necesitas una grúa para desplazar a tu padre de un lado a otro de la casa o para darle un baño, igual. Y si aún así te empeñas en continuar cuidándolos, “sacrificándote” por ellos, atente a las consecuencias físicas y psicológicas que esta situación va a tener tanto para ti como cuidador/a, como para tu familia y entorno cercano.

La creencia más extendida entre los que eligen seguir ejerciendo como cuidadores, es algo así como, “llevarlos a la residencia es dejarlos morir”, y estoy de acuerdo contigo, ya que si así lo crees así será. Por mi experiencia, y este es un detalle sorprendente, los mayores dependientes que entran en residencias, se adaptan peor y enferman más rápido si los familiares sienten fuertes apegos y culpabilidad. Sin embargo, cuando la familia está de acuerdo y se sienten tranquilos, sus familiares acaban relacionándose más y mejor con sus compañeros de residencia y, en general, se les percibe más activos y felices.

Si de verdad amas a las personas que cuidas, te sentirás bien haciéndolo, si normalmente te sientes impotente y frustrado, entonces sufres un fuerte apego que no le conviene a nadie. Por fortuna se puede eliminar, y esa será la mejor decisión para todas las partes.

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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