Un adiós temporal y un hola para siempre…

A veces la vida elige formas dolorosas de enseñarnos algo. Como decía Buda, “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”, y en ocasiones nos toca aprender de una forma poco agradable. Por fortuna, gracias a ese mismo dolor, se producen los mejores y más grandes aprendizajes. Hace unos días, una buena amiga tuvo que partir, alguien que formaba parte de la familia que tenemos la suerte de elegir. Y ahora estoy aprendiendo…

Una vez traspasado el umbral de los primeros días, el “lo sé, pero aún no me lo creo”, comienzo a pensar con más claridad. Empiezo a entender que las cosas no son como me parecían, que hay mucha más luz que oscuridad en la partida de un ser querido. Que de todo lo que pasa siempre es lo mejor, incluso antes de haberlo aceptado completamente. Y que tras el ocaso, llega un nuevo amanecer rebosante de posibilidades. Y así elijo vivirlo…

Siempre me han llamado la atención las culturas que han celebrado la muerte, y la alegría que le transmiten al que se va. Nosotros aquí más bien lo sufrimos, y sentimos lástima por el que ha de partir. Por eso, desde mi libertad interior, elijo experimentar esta transición en silencio, con el feliz recuerdo de inolvidables momentos juntos.

No seré yo quien juzgue tu partida, ni quién apoye la injusticia que para algunos significa tu marcha.
Confío en que todo ha sido perfecto, y que juntos así lo acordamos hace mucho tiempo, tanto que ni lo recuerdo.
Emerge un <adiós> de mi mente, pero siento un hola en mi corazón, uno eterno
.”

De pequeño escuché, que Dios nos castigaba llevándose a los mejores, pero ahora sé la verdad. Se los lleva para recordarnos que todo es un regalo temporal, para que tomemos conciencia del privilegio que fue tenerlos a nuestro lado. A partir de ahora, todo lo bueno que vivimos con ellos estará más presente en nosotros, y nos será más fácil seguir su ejemplo. No es fácil admitirlo, y sin embargo, todo lo que ocurre es una bella oportunidad para seguir aprendiendo, y yo, me comprometo firmemente a no desperdiciarla.

En memoria de Paqui Cano, descansa en Paz amiga.

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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