Otra forma de conocerse, comprender y perdonar a los demás…

Seguro que has escuchado alguna vez que para sentirnos bien primero tenemos que aceptarnos a nosotros mismos. Pero ¿se puede aceptar a quien no conoces? Hoy en día, cuando iniciamos una nueva relación, ya sea de amistad o de pareja, conocer a la otra persona se convierte en prioritario, prestamos mucha atención a su forma de actuar y de decir las cosas, preguntamos a sus amistades o buscamos información en redes sociales.

Sin embargo, entre nuestras prioridades no está la de conocernos a nosotros mismos, lo cual es algo incoherente, ya que si tu intención es conocer al mundo, debes empezar conociéndote a ti. Recuerda que la percepción que tenemos de la realidad se filtra a través de tus experiencias del pasado. Situaciones que hace tiempo quedaron inconclusas y que ahora es preciso comprender para no cometer los mismos errores.

Hay muchas formas de conocerse, una puede ser preguntándole a terceros, por ejemplo a la familia o amigos; las personas que más nos conocen suelen darnos una visión diferente de la que nosotros tenemos. Otra manera puede ser escribiendo un diario personal que describa qué nos hacen sentir las distintas situaciones que vamos experimentando a diario. Sin embargo, mi preferida no precisa de nadie, aunque sí hace uso de otros indirectamente.

¿Te suena el siguiente dicho? “Si de verdad deseas conocer a una persona, no escuches lo que los demás dicen de ella. Escucha lo que ella dice de los demás.” Pues bien, si nos lo aplicamos a nosotros mismos, es sencillo saber cómo somos, al fin y al cabo no sabemos lo que los demás piensan de nosotros, pero sí lo que nosotros pensamos de ellos. El proceso tiene dos partes y, para la primera, sólo necesitas lápiz y papel.

Piensa en personas de tu entorno, familiares, amigos, compañeros de trabajo o vecinos. Elige al menos a tres personas y escribe todo lo que piensas sobre ellas, cómo son, su carácter, personalidad, etc. Cuando hayas terminado relájate y guarda lo que apuntaste sin releer ni modificar nada. Deja pasar unos días y, ahora sí, lee todo lo que escribiste; tanto lo bueno como lo malo que hayas descrito de esas personas te define a ti.

A continuación tienes dos opciones, aceptar amorosamente lo que no te gusta de ti o cambiarlo, logrando un similar resultado en tu percepción de las personas sobre las que escribiste. Hacerlo al contrario no tiene ningún sentido, primero porque nunca voy a poder aceptar a nadie que actúe como lo hago yo, si me disgusta o lo juzgo en mí. Y segundo, porque yo puedo cambiarme a mí, pero jamás podré cambiar a terceros si ellos no quieren.

¡Te deseo una reflexiva y provechosa semana!


Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ir arriba
Abrir chat
Powered by