Cómo aprender de las discusiones con nuestra pareja…

Discutir por un tema en concreto no implica enfadarse y, de hecho, la definición de discutir nos habla de examinar entre dos o más personas un asunto sobre el que se argumenta o razona para explicarlo, solucionarlo o llegar a un acuerdo acerca de él. Sin embargo, coloquialmente solemos hablar de discutir cuando nos enfadamos con alguien, asociándolo a un malestar implícito dentro de la conversación.

Cuando nos enfadamos y tenemos una discusión con nuestras parejas o con cualquier otra persona, solemos pensar que defendemos una idea, una posición, un concepto o quizá un acuerdo previo que no se está respetando, pero esa no es la realidad. La verdad es que de forma no consciente defendemos un conjunto de emociones, justificadas eso sí por una forma de pensar que nos negamos a cambiar, al menos en esos momentos de enfado.

Enfadarnos y discutir con nuestras parejas tiene una particularidad, y es que salvo algunas excepciones, solemos hablarles bastante peor que a conocidos y amigos. Esto es debido a que nuestro nivel de confianza con ellos o ellas se asemeja bastante a la relación que tenemos con nosotros mismos internamente. Así pues, con las parejas solemos reproducir con mucha mayor asiduidad los conflictos que nosotros mismos estamos proyectándoles.

¿Qué es lo que más te molesta de tu pareja? ¿Cuáles son las etiquetas que él o ella te pone y que más te enfadan? ¿Sobre qué temas soléis discutir más o con mayor intensidad? Las respuestas a estas preguntas hablan mucho sobre ti, sobre las cosas que tú te tienes que trabajar contigo o solucionar a nivel personal. La pareja puede ser una fuente constante de conflictos pero también de aprendizaje, eso sí, sólo para los que están dispuestos a escuchar sus sentimientos, a reconocer sus errores y propia imperfección.

En Emoconciencia solemos trabajar con parejas y recomendamos tratar los conflictos del pasado, siempre y cuando se nos haya pasado el enfado. No es bueno dejar las cosas pasar para que se arreglen solas, eso nunca va a ocurrir… A menudo evitamos volver a sacar el tema sobre las cosas que se discuten una o cien veces y eso no tiene ningún sentido. Cuando estamos enfadados no se puede razonar con nosotros, es mucho mejor esperar a que se calmen las cosas y, por ejemplo, en una cena tranquila hablarlas, llegando al mejor acuerdo posible para todas las partes implicadas (ganar – ganar).

Lo que más nos duele es lo que más tememos expresar, ya que probablemente se tratará de algún antiguo conflicto no resuelto que estamos proyectando hacia una situación o persona concreta; y a menudo esta situación se da en nuestra propia casa y la persona acaba siendo nuestra propia pareja. Sin embargo, el conflicto es con toda probabilidad algo que nos sucedió y, no solucionamos, mucho antes de que conociéramos a nuestra pareja actual. Ten en cuenta que es con las parejas con quien pasamos la mayor parte de nuestro tiempo. ¿Con quien mejor que él o ella para solucionar los asuntos pendientes? 

Si crees que dejando de hablar de ello o acabando con tu relación lo vas a solucionar, estás cometiendo un grave error, la vida es muy sabia, y te repite la lección una y otra vez hasta que la aprendes. Además, cuando solucionas algo con tu pareja, obtienes un triple beneficio; te liberas a ti, liberas al otro y generas un sentimiento de logro que os proporcionará las bases necesarias para una relación más fluida y provechosa…. ; )

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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