Ahora que llegan las fechas navideñas y nos enfrentarnos a una gran cantidad de comidas con familia y amigos, muchos se echan a temblar presuponiendo cómo será esta vez el reencuentro. Y no sólo me refiero al exceso de alimentos deliciosos, a la gran variedad de dulces o al exceso de alcohol que nos ayude a sobrellevar mejor la situación o a mantenernos más contentos. Si no a todos los conflictos que llevamos a la espalda a modo de mochila gigante repleta de miedos y reproches a la espera de expresarse…

A mi me encanta la Navidad, pero no siempre fue así. Y durante ese periodo que duró años, aprendí que en realidad todo dependía de mi, de cómo me sentía yo cuando llegaba a ese encuentro multitudinario donde padres, hermanos, cuñadas y sobrinos confluyen en el mismo espacio y tiempo. En esa época solía hablar poco y comer mucho, en un intento de calmar mi ansiedad y malestar al ver repetirse las conductas y actitudes que tanto rechazo provocaban en mí. Y lo cierto es que al terminar me sentía muy mal, ya que aún no era consciente de que todo aquello tan sólo era un reflejo de mis propios conflictos internos.

Y un buen día, decidí cambiar la forma de ver aquellos reencuentros, me di cuenta de que no podía “controlar” la situación sin gestionarme yo antes; acepté que cada uno está en su derecho de mantener las actitudes y comportamientos que le plazcan, si es lo que desea; y así fue como dejé de ser víctima de las circunstancias para convertirme en protagonista del momento presente. Uno muy similar al de cualquier otro fin de año, pero visto desde otros ojos; quizá los de un niño que simplemente disfruta con la unión de toda la familia.

Desde entonces sigo comiendo mucho más de lo que hablo, ya que me encantan las comidas elaboradas, los dulces navideños y el alcohol moderado, pero sobre todo porque entiendo que es la mejor forma de concentrarme en gestionar el Amor que siento en ese momento, en un proceso que podríamos definir como “Ver con el Corazón”. Es un instante en el que mi cambio interno hace que los demás cambien conmigo, consiguiendo que la unión familiar de estas fechas navideñas se convierta en algo verdaderamente mágico y extraordinario…

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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