Posiblemente, nunca te hayas parado a pensar la cantidad de cosas, poco agradables, que hacemos por mantener nuestros compromisos con otras personas. Aquello que llamamos ser responsables. El coste emocional y energético que supone mantener intactas nuestras responsabilidades adquiridas es enorme. La importancia que le damos al que dirán, así como a ser aceptados familiar, laboral o socialmente, supone con diferencia nuestro mayor gasto energético.

Lo curioso del caso, es que “aceptamos” todo ese despilfarro de energía, con tal de evitar que nos echen en cara lo que se supone que “debemos hacer”, que casi siempre es en interés de los demás, y no en el propio. La responsabilidad se asocia con personas y situaciones a las que hemos otorgado importancia, y por tanto, nuestra felicidad depende de “cumplir con ellas”.

Somos nosotros los que, sin darnos cuenta, generamos responsabilidad hacia las personas y situaciones, y a través de ese compromiso entregamos nuestro poder personal. A partir de ese momento, y en función de cómo me juzgue o me juzguen, me sentiré orgulloso o derrotado… Y es en el conjunto de estos procesos donde comienza gran parte de nuestro calvario personal, sometiendo nuestra felicidad a la opinión de los demás.

¿Alguna vez has pensado qué harías si no tuvieras ninguna responsabilidad? Pues te garantizo que una respuesta bien meditada te sorprendería en varios sentidos.

Por ejemplo, te darías cuenta de que mantienes antiguos compromisos más allá del periodo de tiempo estimado, y que las personas implicadas te siguen exigiendo como el primer día, aunque las circunstancias hayan cambiado totalmente. También tomarías conciencia de que tienes una fuerte adicción a muchas de las responsabilidades que asumiste en el pasado, y que la razón es mantener tu “forma de ser” (ego), asociada a ellas.

Y sin embargo, lo más importante para mi, es que puedes darte cuenta de que eres el arquitecto de tu propia felicidad. Que en cualquier momento puedes soltar lastre que ya no te corresponde, y que esa es la manera más rápida y eficaz de recuperar tu energía y tu salud. De hecho, esa es la estrategia que usa la naturaleza para sanarte, primero te enferma para debilitar tu ego, y cuando ya no puedes más, cuando ves la muerte cerca y ya nada importa, entonces quizá decidas dejar atrás tus compromisos artificiales, y comiences a responsabilizarte de verdad, pero tan sólo de ti mismo.

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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