Con cada nuevo año nacen millones de propósitos que acaban muriendo en las primeras semanas de enero, y con ellos, las ilusiones que le creamos a nuestro niño o niña interior. Eludirlo es muy fácil, evita comprometerte con aquellos objetivos a los que no les vas a dedicar toda tu energía. Recuerda, las peores decepciones son las que surgen de nosotros mismos.

Repasa tu lista de metas y elimina las que no estés dispuesto a cumplir, es mejor ser honestos y reconocer nuestras limitaciones actuales, que ponernos objetivos inasumibles y vivir la frustración que conlleva no alcanzarlos. Rememora y reescribe todo lo que sí has conseguido, tomar conciencia de lo que ya has logrado te motivará para alcanzar nuevas y más altas metas.

Independientemente de cuáles sean los tuyos, es evidente que necesitas mucha energía para lograrlos, así pues, aliméntate bien, realiza ejercicio físico, aléjate del tabaco y del exceso de alcohol, pero sobre todo, ama incondicionalmente. A menudo, mejorar algo que ya haces bien puede ser el mejor y más sencillo de los propósitos. El mío, como siempre, continúas siendo tú.

“El propósito de la vida es una vida con propósito.” Robin Sharma

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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