Desde la adolescencia he sentido la necesidad de simplificar las cosas, entenderlas bien para darles sentido y luego poder explicárselo a otros con sencillez; creo que esta necesidad proviene de cuando estaba en primaria y me frustraba al ver la poca paciencia que algunos de los profesores tenían conmigo, más allá de mi manifiesta falta de atención.

Y como últimamente me preguntan mucho por la meditación, y me doy cuenta de que existe mucha confusión y desconocimiento al respecto. Voy a hacer lo que más me gusta, simplificar lo que parece complejo, aunque también voy a tener que resumirlo mucho, así que espero conseguirlo… Y si no, siempre me podéis preguntar… ????

Hace ya bastantes años que tuve el primer contacto con la meditación, y mis primeros pasos comenzaron con la “meditación trascendental”, en ella el maestro te asigna una palabra o sonido denominado mantra, el cual repites para evitar que la mente divague entre los miles de pensamientos que asaltan tu cerebro a cada instante. Este mantra se utiliza como semilla o ancla, es decir, como un punto fijo en el que enfocarse o en el que agarrarse, evitando así perder la atención en el presente, en el ahora.

De hecho, la principal diferencia entre relajación y meditación está en la atención e intención de la práctica. La primera busca relajar tensiones en cuerpo y mente, respirando lenta y profundamente para mejorar la oxigenación. La meditación por su parte pretende que permanezcamos atentos aquí y ahora, en un estado de alerta calmado. Cabe recordar que el primer síntoma del estrés es una respiración deficiente, cuya consecuencia directa es la tensión muscular.

Una de las técnicas de meditación más comunes es la que usa la respiración como ancla o semilla, ya que siempre se respira en presente. Cuando lleves unos segundos prestando atención a tu respiración, el ego te mostrará imágenes y palabras con las que llevarse tu atención, y en un periodo de tiempo más o menos corto lo conseguirá; cuando eso ocurra (y es lo que tiene que ocurrir), acabarás dándote cuenta de que ya no estás atento a tu respiración, y es entonces cuando amablemente volverás a ser consciente de cómo el aire entra y sale de tu cuerpo. Y así, una y otra vez…

En este punto es donde muchas personas creen que no saben o que no pueden meditar, cuando pierden la atención y piensan que lo que hay que hacer es mantenerla… Si todos mantuviéramos la atención en el presente, el mundo sería algo muy diferente a lo que conocemos (para mejor claro está). Así pues, técnicamente meditar tiene cuatro fases que se repiten constantemente: Prestar atención a un ancla o semilla, pérdida de atención (esta se pierde en un pensamiento), darse cuenta de la pérdida, y volver nuevamente al ancla o semilla, léase la respiración, un mantra o cualquier otra cosa que decidamos como tal.

Con la práctica diaria, y los estudios dicen que con cinco o diez minutos diarios es suficiente, conseguirás mejorar tu disciplina y, ser más consciente de cuando tienes pensamientos que te hacen sufrir, evitándolos más fácilmente y beneficiándote así de un comportamiento menos reactivo. Por cierto, no hay que sentarse en la postura del loto para meditar, cualquier posición que mantenga la espalda recta que no sea tumbado es suficiente. Esta sería la meditación para “Estar…mejor”. La próxima semana veremos qué significa “Meditar para Ser…”.

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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