Aunque la televisión, y más específicamente las noticias, es algo que alejé de mi vida hace bastante tiempo, al final te acabas enterando de casi todo lo “malo” que ocurre, que por desgracia es lo más común, o al menos lo que más rápidamente se difunde. Hoy nos hemos levantado con nuevos registros en ayuntamientos relacionados con la corrupción, con la detención de un hombre que le quitó la vida a su bebe, y con otro atentado terrorista perpetrado por suicidas que detonaron los explosivos adosados a su cuerpo.

Ante tal avalancha de sin razón y despropósito diario, una de las pocas cosas que podemos hacer es protegernos, hacer todo lo posible porque estas noticias no nos afecten. Y lo conseguimos gracias a las corazas emocionales que vamos creando o fortaleciendo cada día. Con ellas parece que, en cierta manera, somos inmunes a toda la situación actual que “nos ataca” desde el exterior. Sin embargo, esto no es lo que ocurre, las corazas sólo pueden hacer que sintamos indiferencia, es decir, una impotencia soportable…

Además tienen otras muchas desventajas, nos dificultan conectar con el Amor y el contento, lo que explica que cada vez conozcamos a menos personas alegres y optimistas que no sean niños, salvo que estén bajo la influencia del alcohol o similar. También puedes notar las corazas observando cómo la queja está tan instaurada en nuestras amistades y familias que resulta raro cuando alguien te habla de otra cosa…

¿Y qué puedo hacer yo? Hoy en día es más importante que nunca comprender y practicar que nada externo a ti puede generarte dolor o sufrimiento, ni siquiera las mayores atrocidades. Eres tú, con tu pensamiento y juicios, quien los fabrica. Así pues, la otra forma de experimentar las cosas que ocurren es a través de la ando los juicios, nos hará libres. Empieza a practicar para que esto suceda pronto, de lo contrario la sin razón seguirá siendo la portada de tu vida…

Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos.” Martin Luther King

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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