Tenemos tanto que aprender de los niños… Hace poco, trabajando en consulta con uno de 11 años me decía, entre otras cosas, que sentía pena y decepción al haberse enterado de la verdad sobre los “Reyes Magos”. Cuando llegamos a ese tema en concreto, no paraban de brotarle lágrimas de los ojos, y al preguntarle por la razón de su intensa tristeza, me dijo: “Es que yo creía en la magia, y al enterarme de la verdad, he perdido la ilusión”.

Mi respuesta no se hizo esperar, expresándole que: “La magia sí existe, está en la energía que habita en ti y en lo que haces con ella; cuando ayudas a alguien, produces magia en la vida de esa persona, y eso convierte tu propia vida en algo mágico, como estoy haciendo yo ahora contigo…”.

A continuación, eliminamos la decepción y la pena de su pequeño cuerpo, y una vez más comenzó a llorar de forma abundante, ante lo cual volví a preguntarle ¿qué piensas ahora? Y entonces afirmó: “Vuelvo a sentirme contento, ahora puedo sentir la ilusión de nuevo al entender como crear magia en mi vida y en los demás…”.

Acostumbrado a trabajar con adultos, lo que más llamó mi atención durante toda la sesión, fue la madurez y autenticidad con la que se expresaba. No intentaba ocultar lo que sentía, si le picaba la pierna, se rascaba. Si se sentía nervioso se movía, y así con todas las emociones y sentimientos que le llegaban al trabajar los diferentes temas que me había contado al principio de la consulta.

Esa misma noche me estuve preguntado si nosotros “los adultos”, con nuestra condescendencia cultural, educación y “mentiras piadosas”, acabamos poco a poco con todo rastro de inocencia que haya podido sobrevivir en nosotros. Quizá por eso hayamos dejado de comportarnos de forma auténtica, como los niños, que reconocen qué les está pasando en cada momento y lo expresan abiertamente.

Sí, definitivamente, tenemos tanto que aprender de los niños…

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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