¿Sabías que el cerebro omite la mayor parte de la información que captan nuestros sentidos y etiqueta (juzga) el resto? Casi siempre, sin darnos cuenta de ello. Bueno o malo, simpático o malhumorado, bonito o feo, etcétera, son el padre nuestro de cada día. Para colmo, la mayoría de estos juicios son negativos porque así lo hemos aprendido de nuestra familia y entorno cercano ¿Puedes imaginar la cantidad de energía que consumen estos procesos automáticos en ti?

Cuando nos levantamos de buen humor, saludamos a todo el mundo con entusiasmo, la gente nos parece más simpática y todo parece verse de un color diferente; esto se produce porque una estructura denominada amígdala cerebral está procesando menos miedo del habitual, lo cual se traduce en un mayor entusiasmo.

Te propongo una nueva práctica; comienza a buscar referencias positivas de todo lo que veas, personas, animales, plantas o cosas; ya que vas a juzgar sí o sí, al menos hazlo conscientemente. Cuando te enfocas en lo bueno o en el aprendizaje que supone todo lo que te rodea, aumenta mucho tu energía. Permíteme que empiece yo, creo firmemente que en este momento ya eres un ser perfecto…

“El juicio equitativo es aquel que tiene en cuenta el contexto en el que se produce un acontecimiento, sus antecedentes y sus consecuencias.” Tzvetan Todorov

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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