Los niños pequeños se entusiasman con cualquier cosa por pequeña que esta sea, se enfocan en ella con la misma facilidad que los adultos en los problemas. Sueñan constantemente con alcanzarla, disfrutando del camino y proyectando una gran seguridad gracias al ímpetu que les otorga un increíble poder, el de la ilusión.

Conforme creces, la energía que sentías parece disminuir paulatinamente, es normal, empiezas a percibir los objetivos propuestos como una obligación en lugar de como un logro. Por ejemplo, cuando estudias una carrera, te enfocas más en las dificultades que encontrarás una vez obtenido el título, que en el éxito que te supone alcanzarlo.

Soñar tus metas e ilusionarte con ellas es un juego maravilloso del que tenemos mucho que aprender de estos pequeños maestros. Si hace tiempo que no te ilusionas, seguro que no es solo por falta de objetivos, el miedo a tomar decisiones y a iniciar acciones concretas es el verdadero enemigo a batir. A mí, me ilusiona imaginar que acabas logrando todos tus sueños…

Y Recuerda, alguien escribió “La acción más pequeña es mejor que la intención más grande”.

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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