Puede ser que trabajes mucho, y que a menudo lo hagas para adquirir cosas que te aportan muy poco. Sin embargo, una compra innecesaria de vez en cuando no tiene porque ser un problema, especialmente si ya te has acostumbrado a sustituir y renovar todo lo que rodea tu vida. Lo que sí representa un grave conflicto del que nadie parece darse cuenta, es de la acumulación de una gran cantidad de objetos y prendas que llenan nuestros cajones, armarios, altillos, trasteros, e incluso, algunos rincones de casa.

Cada cosa que posees, tiene su correspondencia energética en tu cuerpo y mente, es algo así como una referencia de lo que ese objeto o prenda significa para ti, de la importancia que le das, de las experiencias que te recuerda, y de su uso más o menos habitual. De este modo, cuando ya no usas algo, cuando lo guardas en algún lugar poco visible, lo estás condenando al olvido, y sin embargo, sigue ocupando un importante espacio en tu campo de energía. En otras palabras, estamos “repletos” de cosas que no usamos, y que nos quitan el espacio para otras que sí podrían sernos de utilidad en este momento.

Cuando nos sentimos cansados o saturados físicamente, ayuda mucho hacer una dieta depurativa, ayunar o ingerir una menor cantidad de alimentos. Y hacerlo nos viene de maravilla, porque dejamos descansar al cuerpo, limpiamos sus “filtros”, y lo preparamos para afrontar el día a día con fuerzas renovadas. Pero ¿qué hacemos cuando estamos cansados o saturados mentalmente? Lo habitual es salir a dar una vuelta, realizar alguna actividad física y pasear por la playa o montaña, todo lo cual nos ayuda a sentirnos mejor. Sin embargo, a menudo olvidamos renovar nuestra hogar, el lugar donde pasamos gran parte de nuestro tiempo libre, y donde dormimos a diario.

Si tu casa está sobrecargada de cosas, también lo vas a notar, y mucho. Por eso recomendamos, al menos un par de veces al año, abrir las ventanas de par en par y empezar a desalojar todos los objetos y prendas que ya no usamos, o que simplemente no tienen cabida en nuestra vida. Esto también es renovarse, refrescarse por dentro y dejar el espacio necesario para nuevas experiencias. Pruébalo, y te garantizo grandes satisfacciones.

Uno de los principales obstáculos que las personas encuentran a la hora de hacer “limpieza” de objetos y prendas, es el apego material, ese valor invisible que le otorgamos a casi todo y que nos impide tirar directamente a la basura un montón de cosas inútiles. Para justificarlo, se nos ocurren frases recurrentes como “Alguien lo puede necesitar”, “Pero si está nuevo…” o “Quizá en el futuro se pueda aprovechar”. Sin embargo, en la vida real, rara vez sacamos tiempo para dárselo a esa persona que lo necesita, que podría disfrutarlo, o para venderlo en ese rastrillo donde recuperar parte de nuestra inversión.

En definitiva, que seguimos haciendo lo mismo de siempre, meterlo otra vez donde estaba a la espera de un mejor momento para no se qué, un momento que muy probablemente no llegará nunca, y que por tanto hará que sigamos llenando nuestra casa y nuestros corazones de cosas imposibles de amar. Y siempre es bueno recordar, que como haces una cosa, lo haces todo, y que igual te está pasando con algunos sentimientos que deberías haber arrojado a tu basura emocional hace ya mucho tiempo. Al fin y al cabo, a lo que te resistes, persiste…

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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