Hoy he tenido un sueño increíble, despertaba en una acogedora cama, abrigado por un plumón que retenía mi propio calor y que, al mismo tiempo, era suave y ligero. Al levantarme, unas cómodas zapatillas mantenían mis pies calientes. La luz, que atravesaba los cristales, era cálida y agradable; y había un baño donde podía asearme con agua caliente y abundante.

Deslicé unos paneles para descubrir una gran variedad de ropajes de distintos tipos y colores, estaban perfectamente ordenados y colocados; y todo lo que veía me gustaba y cualquier cosa que me probaba me quedaba bien. Desde allí, y en tan solo cuatro pasos, llegaba a una amplia y luminosa estancia donde, tras brillantes puertas lacadas, lucían ricos y nutritivos alimentos.

Mientras saboreaba cada bocado, cada sorbo, escuchaba una música que me encantaba. Tras el placentero desayuno, me sentaba a meditar, calentado por una confortable bata que parecía abrazarse a mi cuerpo, mientras, mi mente se fundía en la gratitud que sentía en ese preciso instante. Cuando abrí los ojos, me percaté de lo evidente ¡no es un sueño, es mi casa!

Si no disfrutas con los pequeños detalles que ya tienes, difícilmente podrás hacerlo con los que “te faltan”.

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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