Parece inevitable juzgar todo constantemente, estamos tan habituados a realizar juicios y valoraciones, que a todas las personas y situaciones de nuestro entorno les tenemos asignados uno o más adjetivos. Juzgar no es en sí mismo bueno o malo, sin embargo el tipo de valoración que hagas sí que te puede hacer sentir algo más o menos agradable, y es ahí donde podemos poner una mayor atención y realizar más cambios.

Quizá no te habías dado cuenta antes, pero utilizamos el adjetivo “difícil” mucho más a menudo de lo que nos gustaría, casi siempre en situaciones que requieren alterar nuestra rutina diaria, y en especial, cuando los cambios a realizar precisan mantenerse en el tiempo. En otras palabras, que juzgamos como “difícil” todo lo que implique disciplina y perseverancia, sin las cuales pocas cosas buenas se pueden conseguir en la vida.

Valorar algo como “difícil” suele ser un error, primero porque nada más pensar la palabra te roba energía, algo que puedes comprobar en este mismo instante. Y segundo, porque inevitablemente nos va a dificultar cualquier cambio de hábito que nos haga sentir mejor. Por ejemplo, el crecimiento personal lleva tiempo lograrlo, pero eso no denota dificultad, sino ausencia de paciencia.

Todos sabemos que la vida es cambio y movimiento constante; y que desarrollar cualquier aspecto personal requiere determinación y constancia. Sin embargo, nos empeñamos en valorar como “difícil” cualquier cambio que, a ciencia cierta, nos hará sentir mejor y más felices. Esto sucede porque confundimos el nivel de complejidad de una acción, con el número de veces que tendremos que repetirla para obtener los resultados esperados. Por ejemplo, tocar la guitarra no es fácil o difícil, solamente te llevará más o menos tiempo dependiendo del nivel técnico que quieras alcanzar y el número de horas que le dediques.

Recuerda que lo más importante eres tú, pero ¿cuantas horas inviertes en ti, y cuantas en terceros y demás tareas? Si haces la cuenta, sabrás si estás siendo honesto contigo, y sobre todo, podrás decidir si ha llegado el momento de cambiar alguna de tus prioridades, algo de lo que hablaremos en el siguiente artículo… 😉

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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