¿Te has dado cuenta de que casi todos los días estamos preocupados por algo? Siempre hay alguna situación por resolver o por aceptar que te roba la paz; y cuando por fin la solucionas o simplemente la aceptas aparece otra en su lugar, ocupando un valioso espacio de tu pensamiento diario. Este es el modo en el que el ego nos recuerda que aún tenemos cosas sin resolver en el pasado; las trae aquí y ahora para que no nos olvidemos de ellas, asociándolas constantemente con cosas por hacer o decisiones por tomar en el presente.

A menudo nos preocupamos por cosas pequeñas, circunstancias que no tienen importancia o que no podemos resolver, y sin embargo, las tenemos mucho en mente. Lo cierto es que todo es cuestión de comparación y enfoque, y me explico… Imaginemos a una persona que se queja por tener que trabajar los sábados ¿con quién crees que se compara? Obviamente con cualquier otra persona que libre el fin de semana completo. Ahora imaginemos a otra persona que trabaja de lunes a viernes pero le pagan poco y a menudo con retraso ¿con quién crees que se compara? Quizá con la primera, más si en este caso habla con ella…

Finalmente todos tenemos problemas y conflictos por resolver, y sin embargo no todos están en nuestra cabeza al mismo tiempo. Cuando elegimos pensar en algo, y esa elección es de lo poco que no nos pueden quitar, nos sentiremos bien o mal dependiendo de la situación que hayamos seleccionado, es decir, si nos enfocamos en las cosas positivas que tiene nuestro trabajo nos sentiremos muy bien; y por el contrario, si nos enfocamos en las cosas negativas, nos sentiremos bastante regular…

Posiblemente alguien que esté leyendo esto pueda pensar que su trabajo tiene pocas cosas buenas, y quizá tenga razón, en cuyo caso será el momento de iniciar un proceso de búsqueda de algo diferente. Mientras tanto, te recomiendo practicar el enfoque en todo lo positivo de la situación de la cual te estés quejando a diario, de lo contrario te vas a bloquear en el malestar, lo que te impide buscar algo distinto, ya sea dentro del ámbito laboral, familiar, de pareja u otros.

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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