Ya sabemos que los conceptos de cielo e infierno son simbólicos, que se trata de estados de la mente y no de lugares. También, que somos nosotros mismos los que entramos y salimos de ellos según nuestra forma de pensar y actuar. Y por supuesto, que la felicidad, tiene más que ver con dejar de sabotearnos que con hacer cosas extraordinarias o tener experiencias “especiales”.

Existen tantos tipos de infernales estados de la mente como personas, y es que somos súper creativos… Uno de los infiernos más extendidos es, sin duda, el limbo; entrar en él de forma inadvertida es tan fácil como dejar para mañana la decisión que puedes tomar hoy. Algo que, por cierto, hace casi todo el mundo, como si nos gustara estar en esa incertidumbre constante.

Lo más complicado del limbo es darte cuenta de que estás en él, aunque se adivina por el malestar de las adiciones asociadas. Si ya has entrado, es porque pretendes evitar el presunto sufrimiento de quedarte sin algo (el duelo), o por el pánico que te supone volver a equivocarte. Pero prueba y error son parte de la enseñanza, peor es el calvario de la indecisión y la duda…

“Lo único que nos debería dar verdadero miedo es dejar de experimentar y aprender.”

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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