Hay un niño interior dentro de cada uno de nosotros, si se lo permites, te ayudará a experimentar la alegría de vivir y te recordará que, hacer y tomarse las cosas de una forma distinta es posible. Tus primeros 7 u 8 años de vida son clave en el devenir del resto de tu existencia, todo lo experimentado y aprendido durante ese periodo formará parte de tu equipaje emocional hasta el día de tu transición. Por eso, recordarlo y reacomodarlo desde una percepción adulta es tan importante.

A muchos les parece difícil modificar algo que ocurrió hace tanto tiempo, a veces porque no lo recuerdan o, simplemente, porque prefieren no hacerlo. Pues bien, piensa que todo lo que mantienes en la oscuridad te influencia y se proyecta en situaciones de tu día a día; es como meter la basura debajo de la alfombra cuando terminas de barrer tu casa, con el tiempo, no podrás mantener la situación y tu cuerpo te lo hará saber, al principio con sutiles síntomas y, después, con rigidez y enfermedad.

La buena noticia es que trabajarlo es más fácil de lo que parece, sólo una creencia limitante te dice lo contrario, así que atrévete a dar el paso, sal de tu zona de confort, esa que tan bien conoces y manejas, y permítete hacer algo más que probar un nuevo restaurante o cambiar de coche de vez en cuando.

“Nunca es tarde para tener una infancia feliz” Milton Erikson

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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