Si te pones a pensar, es increíble la gran cantidad de horas que pasamos trabajando, y lo importante que puede llegar a ser el que te guste lo que haces, o al menos, que la mayor parte del tiempo donde pases tu jornada laboral estés a gusto y contento. Si eres autónomo y dependes de ti mismo, puedes ir adaptando poco a poco tu desempeño diario a tu forma de ser, mejorando así tu bienestar personal, pero ¿qué haces si trabajas para un tercero?

Aquí el asunto parece complicarse un poco, ya que pueden aparecer dos figuras con las que puedes llegar a sentir un malestar de sutil a intenso, manteniéndote fastidiado cada día que te levantas para ir al trabajo; una es la de jefe/a, y la otra la de compañero/a de trabajo. No gestionar adecuadamente tu relación con ellos, puede convertir tu entorno laboral en un hervidero de conflictos, aunque no está de más recordar, que dichos conflictos siempre son con uno mismo, aunque los proyectemos hacia los demás.

En los procesos de Coaching hablamos de “espejar” al referimos a los problemas que encontramos en nuestra relación con otras personas. Es una forma de decir que, de alguna manera, lo que te gusta o disgusta del otro también está en ti, aunque no lo externalices de la misma forma. Para encontrar esa relación tenemos que preguntarnos qué emoción o sentimiento despierta en mi esa otra persona, y a continuación, cuestionarnos sobre cuando hemos sentido algo similar en cualquier otra relación o situación anterior.

Eso nos haría replantearnos donde se originan nuestros sentimientos y, por lo tanto, nos puede ayudar a cambiar nuestra actitud hacia ese compañero/a o jefe/a. Una de las formas de hacerlo, es sonreír a la persona con la que tenemos conflicto; y esto, que parece algo muy simple, tiene por sí mismo la capacidad de cambiar en pocas semanas años de malas relaciones. Confía, sé perseverante y verás los resultados…

Por último, recuerda que el lenguaje que utilizamos tanto interna como externamente es de suma importancia, al fin y al cabo, es la manera en la que nos programamos a nosotros mismos y el cómo nos mostramos a los demás. La inmensa mayoría de nuestros malestares se producen al juzgar a otras personas y situaciones, pero sobre todo a nosotros. Por eso es fundamental que repases la forma que tienes de hablarte y las frases que repites con insistencia a pesar de sentirte mal con ellas, incluso escribiéndolas, así podrás encontrar alternativas lingüísticas que te hagan sentir mejor.

Y es que, con el montón de horas de nuestra vida que estamos trabajando, invertir un poco de tiempo en encontrar tu serenidad laboral, no tiene precio…

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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