Todo lo que haces, dices y piensas es por una razón, independientemente de que esta sea consciente para ti o no. Sin embargo, para nuestro entorno, y según el resultado de dicha acción, nuestra “razón” puede transformarse en motivo, en justificación, e incluso en excusa. Y es que son muchos los factores a tener en cuenta a la hora de tomar una decisión, ya que sea cual sea, casi siempre va a acabar implicando a terceros…

Muchas de las preocupaciones que tenemos cuando tomamos decisiones, son las posibles consecuencias que estas puedan tener para otros. Y a menudo, le damos más importancia a cómo les afectará a ellos que a nosotros mismos. Sin embargo, lo deseable sería que una decisión tratara de ser lo más conveniente para todas las partes, aunque siempre con nosotros como principales beneficiarios.

Y a todo esto, cuando tomas decisiones ¿en qué lugar te pones tú? Confío en que la respuesta haya sido en el primero, y de lo contrario, que empieces a cambiar eso a partir de ahora. Ponernos a nosotros mismos como principales beneficiados de las decisiones que tomamos, garantiza que muchas cosas buenas comiencen a pasar en nuestra vida. Recuerda que tu propia gestión emocional, cuidarte, y darle prioridad a todo lo que te hace sentir bien, pasa por tomar decisiones cuyo principal beneficiario seas tú.

Hay que tener en cuenta que el ego siempre acaba justificando aquello que decides hacer, te haga sentir bien o mal. Luego si tomo una decisión cuyo beneficiario soy yo mismo, mi ego lo justificará, y si el beneficio se lo llevan otros, también. En otras palabras, si es bueno para mi lo justifico diciendo que lo hago “para sentirme bien”, y así me siento. Pero ¿qué pasa cuando la decisión nos hace sentir mal? Pues que buscamos una excusa para justificarla, y sabemos que lo es porque del mismo modo, también nos hará sentir mal, exactamente igual que la decisión que defiende.

Entonces ¿cuál es la verdad? La verdad siempre está en la coherencia. Si decido algo que me hace sentir bien, el resultado me satisface, y la justificación también, estoy en el camino correcto. Pero si la decisión, el resultado o la excusa me hacen sentir mal, entonces podrá ser bueno para otros, pero para mi, no. Y lo más curioso, es que el ego jamás justificará la incoherencia diciendo «para sentirme mal», aunque esa es y será siempre, la respuesta correcta. ¡Y lo que nos cuesta reconocerlo…!

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia


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