A menudo tengo la sensación de que las personas no queremos aprender lo básico para alcanzar una felicidad duradera. Nos lo han repetido multitud de veces, e incluso lo hemos practicado durante algún tiempo, pero al final, casi siempre aparece alguna situación o circunstancia que nos quebranta la fe y, sencillamente, dejamos de practicarlo.

Se nos olvida que la disciplina, la perseverancia y la paciencia son principios fundamentales de cualquier logro. Se nos olvida que la vida es un conjunto de hábitos mentales, verbales y conductuales que determinan nuestra percepción de la realidad. Se nos olvida que todo lo que tenemos que hacer es pensar y actuar en coherencia, y que sabemos cuando lo estamos haciendo porque nuestro cuerpo nos transmite bienestar…

A ver si se nos mete en la cabeza que hacer algo con Amor de verdad, significa hacerlo por nuestro propio bienestar y no por el del otro, aunque también me pueda alegrar por él. Y que además eso implica no esperar nunca nada a cambio; y cuando digo “no esperar nunca nada a cambio”, me refiero a “nunca” y a “nada”. Al fin y al cabo ya obtuvimos nuestro beneficio cuando actuamos, y precisamente por lograr ese bienestar lo hicimos…

A ver si se nos mete en la cabeza que todo lo que “nos pasa”, no es que “nos pase”, es algo que ocurre y nosotros estábamos allí para juzgarlo, interpretarlo y hacerlo nuestro. Así que cuando nos dicen que somos 100% responsables de todo lo que “nos pasa” es, literalmente cierto, para bien o para mal el cómo nos lo tomamos es en exclusiva cosa nuestra.

Dicen que el Amor verdadero está presente en todas las pequeñas y buenas acciones, esas a las que normalmente no prestamos atención. Pienso y siento que Amar de verdad está en el acto de ayudar a alguien a cruzar la calle aunque no volvamos a verlo; en cederle el asiento a una embarazada en el autobús; en ser de los pocos que reciclas la basura de casa; en darle un beso a un ser querido aunque esté dormido y no te lo vaya a agradecer; o en sonreírle a todo el mundo siendo un ejemplo de optimismo para los demás…

A diario, pongo mi atención en Amar de verdad con al menos una pequeña buena acción, hoy por ejemplo, escribiendo esto para ti sin esperar nada a cambio. Y ¿sabes qué? Me siento feliz y agradecido por ello, aunque no te conozca y vivas en el otro extremo del mundo… A ti, que me das la oportunidad de sentirme bien sin saberlo, gracias.

La recompensa de una buena acción es haberla hecho” Séneca

Texto original de Miguel Ángel Pérez Ibarra para Emoconciencia

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