En el año 2006, cuando testaba los protocolos originales de Emoconciencia, no todo funcionaba tan bien como me hubiese gustado, pero si pude constatar que cualquier técnica que probaba en niños menores de 12 años, funcionaba invariablemente bien, luego sólo se trataba de plantearlo de una forma diferente para los más maduros.

Que las técnicas funcionen peor cuando alcanzamos la mayoría de edad tiene su explicación. Cuando somos adultos generamos cientos de filtros que clasifican la información de forma automática, dejando muchas referencias del ambiente fuera de nuestra percepción, pero es que además, le añadimos el peor de los filtros, el miedo.

Los niños no tienen miedo, aceptan las indicaciones que se les hacen sin que les importen las consecuencias. Pueden visualizar con facilidad cualquier cosa que les indiques porque su mente aún tiene muy pocos filtros de información. Por eso parecen distraerse con facilidad, porque observan detalles a los que nosotros ya no atendemos.

Ahora imagina que tus hijos aprendan desde pequeños a manejar estas herramientas para que, en el futuro, puedan utilizarlas cuando lo precisen. Con el conocimiento y la práctica adecuada podrán eliminar emociones desagradables, evitar preocupaciones innecesarias, mejorar su rendimiento físico y mental, y así, simplemente ser felices.